Pese a que el Perú tiene el Parlamento que más marchas en su contra genera en el planeta y también en la historia nacional, sus congresistas, en vez de buscar comprender que casi nadie los quiere y que deben dejar sus curules, acaban de aumentar sus gastos de alimentación.
Si antes los contribuyentes pagábamos menos de S/ 37 en sus gastos diarios de desayuno, almuerzo y cena, ahora estos se han más que quintuplicado, hasta superar los S/ 190.

Este monto equivale al sueldo mínimo por más de 6 días de trabajo, aunque un amplio sector de la población no llega siquiera a tener dichas remuneraciones.
Con casi 200 soles se puede alimentar a más de 50 personas en ollas comunes. Para el jefe de la bancada del partido del alcalde, López Aliaga, no comer con tal lujo implica consumir «comida de tercera» o «alfalfa».

Jorge Montoya, dijo: «se burlan de que se pida carne y pollo de primera calidad, ¿qué cosa quieren que se pida?, ¿de tercera?… ¿Qué comen ustedes? Comida de tercera seguramente. … Querrán que comamos alfalfa seguramente”, La consigna porkista debiera ser «hambre cero con alfalfa y alimentos de tercera para puercos».
Los congresistas no son capaces (ni quieren) ponerse de acuerdo para adelantar las elecciones o sacar a la superimpopular Dina Boluarte, pero sí para mejorar sus dietas e ingresos. Desde la ultraderechista Patricia Chirinos que reclama que quiere «comer rico» hasta el «comunista» Waldemar Cerrón, todos ellos optan por el «barriga llena, corazón contento.»

Al menos 2 de cada 3 congresistas han adquirido costosos I-Phones de último modelo con dinero público. Las mayorías, jamás hemos tenido móviles con esos precios o características.
Además de esas gollerías tienen derecho a viajar 4 veces ida y vuelta a cualquier rincón del país con todos los viáticos pagados con nuestros dineros. Pueden ir donde quieran: ya sea por turismo o por familia. Aparte de todo ello, cada congresista cobra S/ 364 mil anuales.

Más del 99% de los peruanos no gastan tanto en su alimentación ni tienen tan altas remuneraciones. Montoya ha dicho que «el pueblo no existe». Lo que se olvidó decir es que todos debiéramos ser llamados come-alfalfas.
Isaac Bigio.




