Vladimir Cerron, escribe:
Pedro Castillo sabe que su problema solo tendrá una solución política, los años que le impongan son intrascendentes.
- Lo favorece la posibilidad de la victoria de un gobierno popular (de derecha o izquierda), a corto o mediano plazo. La coyuntura existe.
- Coadyuva el conflicto entre la caviarada nacional (que lo juzga) y foránea (abogados argentinos). Estos últimos con presencia en las cortes internacionales.
- La CIDH no es un órgano jurídicamente puro, sino mixto, es decir jurídico político, como el Tribunal Constitucional, la Defensoría del Pueblo o la Junta Nacional de Justicia.
- El tribunal que lo juzga está herido de legitimidad, válido para los objetivos políticos. Ojo, se trata de un expresidente de la república.
- Existe una jueza que adelantó opinión y debió inhibirse, independientemente de no haber sido recusada.
- Existen dos jueces provisionales, a quienes los titulares los utilizan como sicarios jurídicos.
- Los supremos titulares no quieren comprometerse, porque si no salen salpicados, salen embarrados históricamente.
- Si el juicio fuera real, muchos supremos titulares quisieran aparecer en los anales de la historia o por lo menos en la gaceta jurídica.
- La ausencia de abogado defensor, el rechazo de la defensa de oficio y la huelga de hambre, van por el camino estratégico.
- La solución es política, no jurídica. La táctica es la acertada, solo si hay hombres que la encarnen.
- Marx, nos advirtió en su gran obra, La Guerra Civil en Francia, que la historia ocurre primero como tragedia y luego como farsa.
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