Hancco no pudo expulsar a Otárola. ¿Logrará echar a Valer de Somos Perú?

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Un escupitajo no es solo saliva, es la expresión máxima del desprecio racista. Un acto de ira que humilla y discrimina. Así respondió el congresista Héctor Valer al periodista Max Lanza, quien le había formulado una pregunta incómoda. En lugar de palabras, Valer le escupió al rostro. Fue un gesto que rememora los peores abusos de los hacendados contra los campesinos: no usó ideas, usó baba.

Esa saliva, grabada en video y vista por todos, es la foto exacta de una forma de hacer política: la que no aguanta que le pregunten, la que prefiere escupir antes que dar la cara.

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Este acto de Valer no es algo aislado. Él es miembro del Partido Democrático Somos Perú, el mismo al que pertenece el gobernador de Puno, Richard Hancco Soncco. Este partido lo fundó el exalcalde de Lima, Alberto Andrade, quien estableció un ideal: «Lograr una sociedad justa, libre y solidaria, sin discriminación…». Por eso, el escupitajo de Valer no es un hecho suelto. Es la continuación de una impunidad que este partido parece estar escribiendo con letras cada vez más grandes.

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Para entenderlo, hay que retroceder unos meses. A principios de este año, el gobernador de Puno, Richard Hancco, luego de inscribirse en Somos Perú, salió a los medios con el pecho inflado. Anunció, con la solemnidad de un notificador, que expulsarían a Alberto Otárola del partido. La razón era clara: Otárola, como ex primer ministro de Dina Boluarte, es visto en Puno como el responsable político de la represión que dejó 17 muertos en Juliaca. Su afiliación a Somos Perú era una bofetada para las víctimas. Hancco, desde su cargo de gobernador, lo dijo alto y claro: “No es un partido de Alberto Otárola”. Prometió que lo echarían.

 

Hancco habló y habló. Pero las palabras, cuando no se convierten en hechos, se los lleva el viento. Otárola no fue expulsado. Sigue ahí, tan campante, militando en Somos Perú. La promesa de Hancco se quebró como un espejo y nadie recogió los pedazos. La impunidad había ganado su primera batalla dentro del partido.

Ahora, el escupitajo de Valer pone a Hancco contra la pared otra vez. Valer, como Otárola, es de su partido Somos Perú. ¿Qué hará el gobernador? ¿Repetirá el mensaje de la expulsión fallida? ¿Pedirá, también, la separación del congresista escupidor? O, simplemente, guardará un silencio cómplice. Hancco, se afilió a Somos Perú con una meta clara: llegar al Congreso como diputado. Para eso necesita del partido, de su maquinaria, de sus votos. ¿Será que denunciar a Valer y hacer cumplir la promesa contra Otárola le costaría demasiado capital político dentro de su propia casa? ¿Será que la coherencia es un lujo que no está dispuesto a pagar?

“Somos Perú”, dicen. Pero, ante el escupitajo de Valer, la gente se pregunta: ¿somos qué? ¿Somos el partido de los escupidores? ¿El de las promesas incumplidas? ¿El del silencio cómplice? Richard Hancco quiso usar el partido como trampolín. Buscó limpiar su imagen prometiendo expulsar al impopular Otárola, pero no lo cumplió. Ahora, la saliva de Valer también le ha salpicado a él. La pregunta ya no es si expulsarán a Valer. La pregunta real es: ¿cuánta baba está dispuesto a tragarse Richard Hancco con tal de llegar al Congreso?

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