Su montesinismo inocultable (Montesinos es «el artífice de la lucha» contra el terrorismo), la alianza política con Tomás Gálvez, el fiscal de la coalición narco-criminal, para realizar «cambios» en el país, el terruqueo a los protestantes del sur y -aparejado a esta- la justificación de las masacres en Huamanga y Juliaca y ejecuciones extrajudiciales de alrededor de 50 compatriotas entre diciembre de 2022 y enero de 2023 y, como cereza de la torta, sus vínculos negados -y luego reconocidos- con Zamir Villaverde, fulminaron el ascenso en los sondeos de Wolfgang Grozo.
Por lo recapitulado, es un candidato, más allá de su objetivo de tener un cargo en el Ejecutivo de Pedro Castillo y de tipificar en general de «lacras» refiriéndose al Parlamento, del pacto narco-mafioso que gobierna desde el Congreso (lean mi artículo Wolfgang Grozo, Montesinos y Aladino Gálvez: El candidato de la coalición narcocriminal). En otros términos, era una cara nueva de la ultraderecha conservadora y -sin serlo- criminal que apareció como una alternativa «nueva» para, básicamente, miles de jóvenes.
¿Por qué aseguramos que su ascenso ha sufrido un desplome fulminante o rápido? Según la encuesta de Datum Internacional, difundida el domingo 22 de marzo, en el lapso de una semana a otra su ascenso en las preferencias cayó abruptamente: de 5.1% a 2.5%. Es decir, de una caída de algo más del 50%. ¿Y cuál es la tendencia? Es de una caída libre. Es, con diferencias en cuanto a la celeridad, similar a la candidatura de Mario Vizcarra: cayó del 8% al 2%.
¿Quién sigue? Ese es el camino que seguirá Jorge Nieto, en el tramo final de la campaña electoral. Solo un dato: Nieto es un terruqueador terruqueado (la difusión de una foto con Polay Campos es parte del terruqueo). Pero el terruqueo de las protestas del sur es más sofisticado, eufemistico y desafiante. Volveremos con un artículo en el -entre otras cosas que ha salido sobre él- reproduciremos lo que ha dicho, no en el pasado, recientemente.
Jaime Antezana Rivera




