Dos hechos aparentemente sin conexión entre sí, principalmente la masacre de cuatro personas y el secuestro de un empresario minero ilegal en Trujillo, el domingo 30 de agosto, y la colocación de explosivos en el Poder Judicial del Callao, el lunes 31 de agosto, ambos atribuidos a las bandas criminales extorsivas y al sicariato (la versión más fácil de ser aceptada socialmente), nos lleva a ratificar la nueva hipótesis de trabajo: si el fujimorismo siempre vivió del terrorismo, desde hace dos años empezó a vivir de la criminalidad urbana.
Empecemos por la masacre y el secuestro del minero ilegal en Trujillo. En primer lugar, una acción de secuestro busca la libertad a cambio de dinero. No asesina a sus acompañantes. No necesita. Salvo que haya respuesta armada del secuestrado o de los que le dan protección al empresario minero, quién había sido investigado por lavado de activos de oro. Según las imágenes de los hechos, eso no pasó.
Además, hace buen tiempo que Los Pulpos ya no secuestran. Siguen en la extorsión y -a nivel de La Libertad, desde hace un buen tiempo atrás- están en la minería ilegal. Ahora son empresarios mineros ilegales y una banda criminal extorsiva. Y, por otro lado, es la única banda criminal peruana que se ha transnacionalizado a nivel de América Latina (Chile, Ecuador y Argentina). Es nuestro pequeño ‘Tren de Aragua». Es nuestro producto criminal de mayor exportación que emergió, creció y se expandió con protección policial y política (el gobierno regional de APP).
Visto así, sería insostenible que Los Pulpos hayan sido los ejecutores del cuádruple asesinato y el secuestro del empresario minero del oro en Pataz. Menos aún es posible sostener -como algunos medios difundieron- que la masacre y el secuestro lo hayan ejecutado Los Pulpos y La Jauría. Estas son bandas criminales trujillanas enemigas que se disputaron -y lo siguen haciendo- el control de la extorsión y la minería ilegal de La Libertad. En consecuencia, es incompatible una acción criminal conjunta. Será por eso que no le pusieron mucha fuerza a ese relato.
Así, pues, el relato policial que responsabiliza a Los Pulpos parece más una coartada perfecta. Un chivo expiatorio. El relato de Los Pulpos y La Jauría actuando conjuntamente era una coartada inverosímil. Hay otros datos concretos de los hechos ocurridos en la madrugada del domingo 30 que cuestionan el relato policial sobre la autoria de Los Pulpos. Veamos: el uso de camionetas tipo policial (en verdad, es el modelo y color que utiliza la PNP), el porte (la talla) policíal/militar de los ejecutores de la masacre y secuestro, el modus operandi de los ejecutores (actuaron como lo hacen los policías y militares), el tipo de armamento militar que utilizaron. A ello habría que adicionar el uso de silenciadores, la ejecución cerca de la Dinincri-Trujillo y la absoluta inacción policial.
A esos datos hay que agregar otros dos. Uno, el jefe de la PNP, Ricardo Espinoza, había advertido que habría un secuestro masivo en Trujillo, pero -¿qué inteligencia es esa?- pero desconocían quién sería la víctima exacta. O sea, profecía autocumplida. ¡Viva nuestra PNP!. Y, dos, en el transcurso del 31 de agosto, han anunciado que ya habría detenidos. Esto último, luego de más de 24 horas de ocurrido los hechos, es un parche para demostrar la eficacia policial. Seguro que estarán buscando entre los jóvenes de El Porvenir u otros distritos a los que tengan el porte de los ejecutores del cuádruple asesinato y el secuestro. Díficil tarde en una región donde los jóvenes no son altos.
Ahora veamos la colocación de un artefacto explosivo frente a la sede del Poder Judicial del Callao. Al respecto, como ocurrió con el ataque con explosivos a la sede principal del Ministerio Público de Trujillo, hace dos años, tenemos que ser rotundos: las bandas criminales no realizan acciones de sabotaje a las instituciones del Estado. El crimen organizado no busca destruir las instituciones del Estado. Lo que busca, en este caso el crimen organizado que está en el poder político, es controlar el aparato estatal. Las bandas criminales, las organizaciones criminales y el crimen organizado transnacional, teniendo como eje central al narcotrafico, como está ocurriendo en el hemisferio occidental, han ganado el gobierno con las granjas de bots de Fernando Cerimedo y el financiamiento del narcotrafico, el oro ilegal y otras economías criminales.
Colofón: el fujimorismo vivió -y lo seguirá haciendo- del terrorismo, ahora -aunque eso arrancó en sus gobiernos de fachada- también vivirá de la criminalidad urbana. Eso parece ser que se intensificará. El fujimorismo keikista no sabe gobernar. Lo que sabe es destruir e imponer.
Jaime Antezana Rivera




