Es 18 de enero y, como suele ocurrir cada 18 de enero, pienso en Lima. Y creo que hoy, en el aniversario de la capital, lo que corresponde es que esa Lima mayoritaria que es, sin duda, mucho mejor que sus élites, cobre protagonismo y se sume al clamor democrático de las calles para democratizar la arquitectura de poder centralizada en una capital que se construyó de espaldas a su país.
Como en este humilde espacio venimos recordando una y otra vez, el pedido mayoritario del Perú movilizado es claro: DEMOCRACIA. Pero una democracia REAL frente a la democracia de las oligarquías sustentada en la institucionalidad precaria y excluyente con el disfraz de «democracia formal».
Fui invitada por la Revista Contexto (España) para escribir sobre lo que ocurre en Perú estos días. Como suele pasar cuando hablo del Perú fuera del Perú, pensé que sería difícil redactar el texto. Me equivocaba.
En realidad, entender al Perú y la pulsión del sujeto político plebeyo que hoy es protagonista de una revolución social esperanzadora aunque vilmente reprimida por la dictadura de Boluarte, no es tan difícil. No cuando se entiende el fondo de las protestas, de los reclamos, de las demandas: es un pueblo exigiendo participar en igualdad de condiciones en un país que es suyo. Y unas élites de poder que se resisten a ese clamor democrático.
Hoy que a Lima, curiosamente en su aniversario, llegan delegaciones de todo el Perú para hacer sentir su reclamo democrático, resulta particularmente esperanzador sentir esa marea politizada peruana que ya está cosechando victorias concretas (sobre ello espero poder hablar en otro momento).
Ver a peruanos y peruanas sosteniendo la lucha, viajando pese a estar de duelo (o justo por ello) hacia la capital, incansables en sus demandas, colectivizando lo material para hacer posible el viaje, la protesta y defender la democracia, es una lección que nos están dando a todos y a todas y, todo ello, como bien escribía Cecilia Méndez «me hace sentir mal de sentirme pesimista.»
Que sirva este 18 de enero para recordar que lo que se ha abierto en el Perú es la posibilidad de una democracia real. Como una marea indetenible. Como los ríos profundos de los que hablaba Arguedas. El mejor aniversario de Lima ocurre este 2023, porque ha de vestirse de gala para recibir lo mejor que tiene el país del que es capital: su gente.
Laura Arroyo Gárate
