El 25 de junio pasado, sin mucha difusión por los medios nacionales, la Oficina de Política Nacional antidrogas de Estados Unidos publicó su reporte anual de los cultivos de coca y producción potencial de cocaína de los tres países productores: Colombia, Perú y Bolivia.
Según este reporte, la producción de coca y cocaína en el Perú tuvo un crecimiento récord: de 72,200 hectáreas pasamos a 88,200 hectáreas de coca y de 705 toneladas pasamos a tener un producción potencial de 810 toneladas de cocaína. En el caso de la coca creció 16 mil hectáreas y 105 toneladas de cocaína.
Dicha superficie, sin considerar el incremento de la productividad por hectárea (el reporte no señala la producción de toneladas de hojas de coca), de la coca válido para el año 2020 es similar a la de los años 1982-1983, el primer tramo del boom de la coca y la pasta básica de cocaína (PBC) que fue alentado por los carteles colombianos de Medellín y Cali que abastecían principalmente a EEUU
Hoy en día, el exponencial crecimiento de la coca y cocaína está alentado por los carteles mexicanos (Sinaloa, El Golfo y Nueva Generación Jalisco), balcánicos (Grupo América, Búlgaros y Tito), italianos (la Ndrangheta y la Cosa Nostra) y brasileños (el PCC y Comando Vermelho) que abastecen Europa y Brasil.
Obviamente, a la base de este notable crecimiento de la coca y la cocaína y la presencia por estos lares de estos carteles está el incremento de la demanda mundial de las drogas (Europa, América Latina, Asía y Oceanía) y, en particular, de la cocaína. Ese es el factor causal básico. No ha crecido por el incremento del consumo tradicional e industrial legal, que pasó de 9 mil toneladas (2008) a 12 mil toneladas (2020).
Otro factor que explica el exponencial crecimiento es la pandemia del nuevo coronavirus que debilitó y paralizó escasos controles antidrogas (incautaciones de drogas e insumos, erradicacion, etc) desarticulados de una estrategia nacional. Además, la crisis económica producto de la crisis sanitaria provocó que miles de familias siembren coca en las cuencas para subsistir.
En suma, en un país en el que la lucha contra las drogas o narcotráfico no está -hace más de una década- en la agenda de los gobiernos, hemos ingresado nuevamente a otro boom de coca pero, a diferencia de los 80 y 90, que fue de PBC, ahora es de cocaína. Este nuevo boom cubre, también a diferencia de los 80 y 90, nuevas regiones: Loreto (Bajo Amazonas, Putumayo y Maynas) y Amazonas (Condorcanqui, Bagua Grande y Rodríguez de Mendoza).
¿Seguirá esa misma dinámica de crecimiento este año 2021? Pese al descenso de los precios de la coca y las drogas (PBC y cocaína) entre mayo y julio por la sobreproducción, el crecimiento prosigue una dinámica exponencial. ¿Por qué? Las acciones de control antidrogas se ha reducido a decomisos, destrucción de pistas y destrucción de pozas y escasos laboratorios casi sin erradicacion. En efecto, el 2020 se erradicó, más o menos, 6 mil hectáreas de una meta de 25 mil hectáreas. Y esté año, hasta la fecha, no hay erradicacion cuya meta prevista era la misma meta.
Así, si entre el 2019 al 2020 la superficie de la coca creció 16 mil hectáreas, con una fracción pequeña de erradicacion, es previsible que este año la superficie de coca crezca en 16 mil hectáreas o, si no se erradica, un poco más. Es decir, que la superficie de coca puede llegar a más de 100 mil hectáreas. Y, con ello, también la producción potencial de cocaína. Fácilmente podemos llegar a producir más de 950 toneladas.
Ese es un escenario probable porque, ni en el mensaje de 28 de julio ni en la presentación de la Política General del Gobierno del actual gabinete, el gobierno del presidente Pedro Castillo no ha mencionado ni una sola palabra contra el narcotráfico y el crimen organizado. Para el actual gobierno el narcotráfico y boom de la coca y la cocaína parece que no existe.
Lo que ofrece el gobierno es luchar contra la corrupcion institucional sin enfrentar el crimen organizado, cuya principales expresiones son el narcotráfico y la corrupcion de alto vuelo. ¿Es posible luchar contra la corrupción sin luchar contra el crimen organizado del narcotráfico? Es un contrasentido. El narcotráfico es un factor causal de corrupción. Sin indesligables.
Así las cosas, es decir, sin que crimen organizado aparezca en algún nivel de las políticas del gobierno de Pedro Castillo, está asegurado la consolidación del boom de la coca y la cocaína con todas sus secuelas de violencia, homicidios, inseguridad y corrupción que trae consigo.

Por: Jaime Antezana
