Porky necesitaba subir en las encuestas. Y, de pronto, «sufrió» o iba a «sufrir» un supuesto atentado contra su vida, en una zona popular de Lima. Según él, lo querían -y quieren – asesinarlo. ¿Quiénes? La mafia internacional caviar verde, roja o negra. No importa el color, pero lo quieren matar.
¿Fue – y es – real lo que ha vociferado «urbi et orbi» Porky? No sólo carece de asidero, sino que más bien es sospechoso (por la investigación de lavado de activos) del asesinato de José Miguel Castro, quien fue hallado -tal como él mismo se adelantó a describir – muerto estrangulado en el baño de su casa.
Su versión, tras dos informes (el policial y forense), está en investigación: José Miguel Castro no se suicidó. Habría sido asesinado con armas blancas con sumo cuidado por los sicarios encargados por el autor intelectual del homicidio. Luego, porky entró en silencio.
Ahora, el 2 de diciembre, principalmente a través de las redes sociales, se ha denunciado un «grave atentado» contra el casi desconocido candidato presidencial por Libertad Popular, Rafael Belaúnde. ¿En qué consistió el «grave atentado» contra su vida? Según el Búho, fue un «atentado a balazos dentro (sic) de su vehículo en Cerro Azul y resultó con heridas leves».
Acto seguido agregó: según las primeras informaciones, (los) sicarios dispararon directamente al conductor». Ese dato es necesario retenerlo en la memoria. ¿Por qué? Porque los sicarios siempre apuntan a su objetivo. No al eventual acompañante. No sólo eso. Apuntan y acaban con su vida. No provocan leves heridas.
Esa es la lógica del crimen organizado. Hasta aquí hemos analizado los hechos que, hasta el momento, ha salido en los medios digitales: que Rafael Belaúnde ha sufrido un grave atentado. Vayamos más al fondo. La pregunta clave es la siguiente: ¿Belaúnde ha recibido amenazas extorsivas de bandas criminales?
La respuesta es, sin temor a equívocos, negativa. Las bandas extorsivas y el sicariato no tienen como objetivo a los sectores mesocraticos de Lima y el país. Estos sectores sociales no reciben amenazas de las bandas, ni ataques sicariales. A última hora, un candidato presidencial mesocrático no va a decir que sí recibió amenazas extorsivas cuando eso no ocurre.
En consecuencia, hay dos hipótesis: la primera, por los disparos al conductor, es que haya sido un intento de asalto de delincuentes en una zona como Cerro Azul y, la segunda, que sea una estrategia electoral para subir en las encuestas. Los delincuentes comunes, a diferencia de los sicarios, disparan sin precisión. Los sicarios son profesionales del asesinato a sueldo. Conclusión, es posible que haya sido un intento de asalto más que ataque sicarial al candidato Belaúnde.
Un claro ejemplo de lo que es un ataque sicarial ha sido el homicidio de seis balazos de Percy Ipanaqué, precandidato a diputado en el partido Juntos por el Perú. Ese sí fue un gravísimo atentado de alguna de las modalidades del crimen organizado. Finalmente, Belaúnde no es aún un candidato que se haya ganado, por su ascenso en las encuestas, el odio de la coalición narcocriminal del Congreso.
Por: Jaime Antezana Rivera
