Ya se creen los ganadores de las elecciones generales. Por eso, la mesa directiva ha decidido ampliar la legislatura hasta el 24 de junio y han aprobado una serie de leyes (los militares y policías no sean juzgados por la justicia ordinaria, el apartamento de Delia Espinoza del CAL, etc) como si tuvieran la legitimidad para hacerlo.
O sea, siguen haciendo lo que les da gana. La última es la presentación de una ley para capturar a uno de los mejores periodistas de investigación, Gustavo Gorriti, y los exfiscales de Odebrecht y OAS, el caso Los Cócteles y otros casos de corrupción en el poder. A estos últimos, no están conformes con haberlos inhabilitados y espectorados del Ministerio Público.
Nada frena el odio de la narco-mafia política entronizada en el Congreso. Necesitan capturarlos como si fueran lo que ellos son y representan: criminales. Y no se limitará solo contra el periodista y los exfiscales mencionados. Basta de ingenuidad. Lo harán contra cualquier voz opositora o disidente.
No ganará (eso es lo preciso en estos momentos) una opción democratica, ni ideológica, ni interesada en la estabilidad y el desarrollo del país. Sí, pese a las irregularidades y posibles alteraciones de las actas del extranjero y Lima, ganará las elecciones sería el triunfo de la expresión política del crimen organizado.
Es decir, de la expresión política que representa y condensa al narcotrafico, la corrupción, el oro ilegal, la trata de personas y otras economías del crimen organizado que, por circunstancias excepcionales, están en auge nacional y en el hemisferio occidental. No es proceso local ni coyuntural. Es la culminación de un proceso histórico estructural.
Jaime Antezana Rivera




