Escuchar a Hancco decir que el teleférico de Puno podría convertirse en un “elefante blanco” si no se complementa con otras inversiones que él recomienda, resulta casi un chiste. Como bien se sabe, se llama elefante blanco a una obra que cuesta mucho dinero, pero que al final sirve poco o no produce los resultados que se esperaba. Lo curioso, en este caso, es que Hancco no parece darse cuenta que su propia gestión es un elefante blanco. Y el mejor que nadie debería conocer bien toda esta figura, pero aun así se atreve a recomendar, a mirar el futuro, sin fijarse que en los 4 años que lleva sentado en el gobierno regional hizo de esta entidad un enorme elefante blanco.
La más clara señal de esta progresiva transformación a la forma de este paquidermo albino es que, durante sus 4 años de gobierno, Richard Hancco, lo tuvo todo: presupuesto, funcionarios, técnicos, maquinaria administrativa y todo el poder regional. Sin embargo, al final, no ha sido capaz de entregar una obra de envergadura, o algo que diga que Puno experimentó una transformación. Durante todo su periodo, se las arregló para sobrevivir: mintió, enfrentó, desalojó, vulneró, actuó clientelar y arbitrariamente, pero al final no consiguió ni una gran obra propia que sintetice su gestión, ni una reforma regional. Por el contrario, se cayó el coliseo de salcedo, los hospitales de la región quedaron truncos e inacabados.
Y por eso resulta irónico que el mismo Hancco diga, como visionario, que el teleférico será un elefante blanco. Es una enorme paradoja, Hancco teme que se gaste millones en el teleférico, sin percatarse que por sus manos pasaron ingentes cantidades de presupuesto, trabajadores, proyectos, pero al final terminó haciendo de su gestión un robusto “Elefante blanco”. Vaya condena.
Aldo Rojas
22.08.2026




