El Kusillo

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Rolando Waldo GÓMEZ POMA

Etimología y Función Social (Perspectiva Antropológica): «La denominación k’usillo remite al vocablo aymara y quechua para señalar la agilidad del simio o la vivacidad del personaje que transgrede las normas. En los registros etnohistóricos del siglo XVII, el clero identificó a estas figuras como duendes o espíritus que habitaban en las misiones jesuíticas de Juli, utilizando la máscara deforme para satirizar tanto al cura como al corregidor.» — Albó, Xavier (1988). Rostro vivo del pueblo: Fiesta, danza y poder en los Andes. Revista Chungará, Vol. 20, pp. 45–62. Entonces, la Transformación y Satira al Poder Colonial «En la ‘Roma del Altiplano’ (Juli), el uso de máscaras con narices alargadas y rasgos faliformes sirvió como un dispositivo de resistencia simbólica. El k’usillo adoptó elementos de los diablos de los autos sacramentales católicos, pero reinterpretándolos mediante la inversión carnestolenda: el látigo que castiga al diablo se convierte en un objeto juguetón para bendecir o ‘despertar’ al espectador.» — Mendoza, Zoila S. (2001). Al son de las danzas: Identidad y performance en los Andes peruanos. Lima: Fondo Editorial PUCP.

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En Juli, cuando suenan los bombos y los pinquillos, aparece él. El Kusillo. Con su máscara deforme, su ropa de colores, sus cascabeles y ese látigo que no duele. Es feo y hermoso a la vez. Es burla y es bendición. ¿Quién es el Kusillo en Juli? No es solo un personaje. Es el alma de la fiesta. El que rompe la solemnidad: En medio de las procesiones y danzas serias de la Candelaria y las fiestas patronales de Juli, el Kusillo entra corriendo. Hace payasadas, molesta al público, imita a las autoridades.

Con su látigo «castiga» pero en realidad despierta. El que equilibra: En la cosmovisión andina todo tiene su opuesto. Si hay rezo, hay risa. Si hay dolor, hay alegría. El Kusillo recuerda que la vida no es solo sufrimiento. El que une: Jala a los niños, hace bailar a los abuelos, se burla del turista y del alcalde por igual. En la plaza de Juli todos son iguales cuando el Kusillo pasa. La alegría de la fiesta en Juli es jolgorio. Juli es «La Roma del Altiplano» por lo tanto fue eje fundamental de la confesión religiosa católica. Y en sus fiestas esa espiritualidad se mezcla con la jarana. En la Fiesta de la Candelaria, en San Pedro, en los carnavales… el Kusillo es el que avisa: «ya es hora de alegrarse». Su alegría no es vacía. Es resistencia.

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Es la alegría de un pueblo que a pesar de heladas, de crisis, de olvido, sigue bailando en la plaza, sigue ofrendando a la Pachamama y sigue riendo. Porque en el Ande entendimos algo: Sin Kusillo no hay fiesta completa. Sin risa no hay comunidad que aguante. Hoy que tanto se habla de dogmas y tristeza, que vuelva el Kusillo. Que nos recuerde con su látigo de trapo que reír también es un acto de fe y de pueblo. ¡Jallalla Juli! ¡Jallalla la alegría del Kusillo!

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