El poder de los Tenientes Gobernadores

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Para saber con exactitud quien goza de poder y legitimidad en Puno, hay que ir a ver a los tenientes gobernadores y prefectos, en las asambleas multitudinarias abiertas al público y con todos los periodistas que uno pueda convocar. En ese escenario, ahí mismo uno caería en cuenta que los que se considera secundarios son principales y los que parecen premunidos de poder, unos intrascendentes.

El día de ayer el presidente de los tenientes gobernadores de San Antonio de Putina, Oscar Valencia, señaló sin titubeos que buscan impulsar un proyecto de ley para eliminar a los prefectos y subprefectos. Según él dichas autoridades “son un gasto inútil”. Lo novedoso de este discurso, es que en el fondo los tenientes no les están diciendo al gobierno que las autoridades que puso a dedo son ineficaces, sino que debe preguntarse ¿a quién realmente obedecen las comunidades? ¿a la firma del prefecto o a la voz del teniente gobernador?

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En el altiplano en el que yo me muevo, lo real es que los prefectos y subprefectos no tienen poder y desde hace tiempo solo son cereza de torta burocrática y cumplen, nada más, un papel decorativo. De vez en cuando firman garantías personales, acompañan algunos desfiles, reuniones, leen algunos discursos, revisan periódicos y hay queda. Pero eso sí, en todo este tiempo, en lo que se han especializado es en ser las antenas del Estado, pero sin buena señal.

En cambio, los tenientes gobernadores, innegablemente, su poder es real. Desde hace tiempo administran la justicia comunal, resuelven los conflictos e imponen respeto en toda la región. Si comparáramos a ambas autoridades, la moderna con la tradicional, tendría que decir sin vacilaciones que los tenientes gobernadores son el poder real, el Estado mismo en una versión más antigua, mas originaria.

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Estas autoridades, ejercen el poder con la palabra, la verdad y el respeto. Si desaparecieran la región se desordena. Son tan imprescindibles para la vida diaria, que las comunidades se organizan en función de su palabra. De ahí que, cuando los tenientes gobernadores afirman que los “prefectos son inútiles” no están diciendo solamente que éstos son ineficaces funcionales, sino que en un mismo mundo no puede haber dos poderes gobernando: uno ficticio y uno real.

Me parece que esta es la mejor manera explicar este discurso. La presencia de ambas autoridades en Puno y, diré, en el país, da la impresión de que existiera dos repúblicas. Una legal, ineficaz y sin representación y otra, comunitaria, eficaz y con legitimidad. A mi modo de ver, en la práctica el prefecto representa a la autoridad, pero es el teniente quien la ejerce. Así también, mientras el prefecto gobierna con papeles, el teniente lo hace con la palabra. Lo curioso en todo esto, es que mientras el primero tiene sueldo (4,000 soles), el segundo tiene respeto.

Qué más puedo decir, después de esto, no me parece nada descabellada la idea de los tenientes. A Lima le va doler cómo no saben, porque no va aceptar un poder que él no ha inventado. También diré que, esto de eliminar a los prefectos, desde luego que traería problemas al sistema. Afectaría el orden, pero eso también sucederá porque el Estado nunca tuvo en cuenta a las autoridades originarias, solo las utilizó cuando le convenia y las invisibilizó, como ahora, cuando incomodan.

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