Apenas sintió bien acomodado a José Jerí en el sillón de Pizarro, Richard Hancco pensó que esta era una de las mayores oportunidades que el destino le había puesto enfrente. La semana anterior, el gran “estadista” de Puno acomodó sus maletas y se fue de manera urgente a la capital. En el avión, mientras la nave cruzaba las nubes grises del altiplano, cerró los ojos e imaginó de pronto el encuentro con el presidente. Se vio a sí mismo frente a Jerí hablando de Estado, imponiendo sus condiciones, y negociando una “paz política” a cambio del respaldo puneño. En su mente estaba seguro que sería atendido con urgencia, no tanto por su gestión, sino por el protagonismo que había alcanzado Puno, después del sacudón propinado a Phillip Butters. Entonces pensó sin dudar que, si Puno estaba de moda, él podía estar en escena, ser importante, como galán de la película.
Pero la verdad es que el presidente Jerí, como todo pajerí, no lo recibió, le cerró la puerta y escondió la llave. Fue entonces que Hancco, para no volver con las manos vacías, improvisó de pronto reuniones con tres ministerios, después de todo tenía que mostrar algo a la población puneña, antes que ésta le restregara su viaje insulso. Ese fue su mayor temor, y en ese intento, aunque nada tenía que hacer, participó de reuniones técnicas, asistido por funcionarios de mando medio del MEF y otros ministerios. En ese espacio solo se revisó expedientes antiguos, cosas sabidas, para luego hacer coordinaciones que ya estaban en trámite. Es decir, improvisó como por instinto de sobrevivencia política. En su mente solo cabía una cosa: que después del desaire con Jerí, su viaje debía sonar a gestión, aun cuando todo fuera un trámite rutinario.
La verdad, no debería desprestigiar de esta forma al Sr Hancco, pero, por ejemplo, el caso del hospital de Juli lo desviste de manera nítida. En este caso: el expediente sigue un curso normal en el MEF donde no es imprescindible la presencia del gobernador pues se trata de que se absuelvan observaciones técnicas para que el presupuesto se desembolse. Pero que va, como Hancco no tenía nada qué hacer en Lima por el rechazo de Jerí, y en su afán de justificar su viaje y aparecer como gestor, presentó este caso como si estuviera negociando una gran decisión, como si el futuro del hospital de Juli dependiera de su palabra. Pero la verdad es que todo fue una creatividad del momento, pues su verdadera intención no era asistir a estas reuniones técnicas sino reunirse con Jerí. Pero como dicho está, Jerí no quiso verlo, ni le interesó contar con su “importante” apoyo político.
El asunto real es que, Hancco, aunque ahora diga que solo hablaría con jerí solo en términos técnicos, lo único que siempre quiso y quiere aun, fue protagonizar política y nacionalmente. Su intención desde el inicio, al acudir a la capital, fue únicamente mostrarse como político importante. En un escenario donde los gobernadores ya no pesan políticamente, Hancco quiso hacerse el vivo para ganar imagen e importancia política, pero “el tiro le salió por la culata”. Ahora, más bien, por esta escandalosa “pajareada”, se sabe con certeza sobre la fragilidad de su gobierno, de su la soledad política y sus terribles ganas de que lo reconozcan o al menos que lo vean, de cara al final de su penosa gestión.
La ilusión de que su sueño se hiciera realidad, se convirtió más bien en la imagen de un cachorro en orfandad. Pero hay que ser claro, el “sueño” de Hancco no fue con Jerí, sino con lo que Jerí tenía a la mano. Hancco quería ganar la atención del poder central, validación mediática, y reconocimiento de la población de Puno, pero no lo logró. En fin, lo de Hancco fue un sueño ese, de aquel que viaja a Lima no con el objetivo de negociar, sino de sobrevivir.
Mientras tanto en palacio de gobierno, Jerí sigue con su agenda, sin prisa ni urgencia. Para Jerí, Hancco no es adversario ni aliado político. Es simplemente un polvo pasajero que se va pronto. Y ahí radica el cuento más triste, no solo de Hancco, sino también de los congresistas, que, aunque griten o supliquen el patrón no los escucha. Este desasosiego ha hecho que ahora Hancco solo sueñe con terminar el coliseo de Salcedo.




