Varios años tomó a Jorge Zúñiga posicionar su imagen, pero de un momento a otro surgió un aluvión político que lo dejo gravemente herido. Hasta hace poco Zuñiga parecía esquivar perfectamente todos los golpes que recibía. Le cuestionaron su condición de abogado llamándolo públicamente “doctor Bamba”. También le discutieron su experiencia profesional, su hoja de vida y hasta intentaron sacarlo de carrera a treves de tachas. Sin embargo, nada de eso parecía afectarlo porque Zuñiga seguía como si nada, como pez en el agua, librando cada puya con facilidad. Yo creo que había una razón sencilla por la que Zuñiga se mostrara imbatible, y era que todos los ataques que realizaban sus adversarios siempre se dirigían a él y, en ese terreno Zúñiga era un diestro porque terminaba presentando a sus enemigos como parte de una guerra sucia contra su persona, contra el “favorito”. Y con ese discurso siempre terminaba triunfante.
Pero de pronto todo dio un vuelco, sus enemigos pensaron que golpear a Zuñiga era inútil y entonces comenzaron a sacudir a su entorno familiar. Y ahí es cuando por fin se descubrió su verdadero talón de Aquiles. Ese ataque puso al descubierto su mayor debilidad. El caso de su hermano, por ejemplo, cuestionado por contrataciones con la Municipalidad de Puno. Luego aparecieron otros casos más relacionados con su esposa y otros familiares que también trabajaban en la municipalidad. Yo no sé qué magnitud alcance esto jurídicamente, pero lo cierto es que a partir de allí es cuando sus adversarios encontraron el discurso político perfecto para tumbarlo. A partir de allí, también, su credibilidad fue puesta en duda, su imagen fue rebajada a la de un “vivo”, “aprovechado” y “doble discurso”. Es decir, a la de un candidato que antes que la población prioriza el beneficio de sus familiares. Fue tan fácil vender este argumento que de pronto todos sus adversarios comenzaron a golpear la misma debilidad: su entorno familiar.
Y es aquí donde empezó el verdadero problema para Zúñiga, porque desde ese tiempo hasta hoy, de tantos ataques que recibe en el mismo punto, en la misma debilidad (su familia), su imagen y su reputación han sufrido un gran desgaste, un deterioro espiritual. Y para agravar el asunto, en este camino las respuestas de Zuñiga han sido políticamente pésimas. Tal es así, que, sobre su hermano, por ejemplo, prefirió guardar silencio y, en relación a su esposa y otros familiares, respondió que las retiraría de la municipalidad al asumir la alcaldía. Esas respuestas, desde luego, en lugar de aclarar el asunto han generado aún más dudas entre la población, y ha hecho que su candidatura se despinte mucho más. Yo digo, por esta causa Zuñiga ha perdido el control de su discurso. Ya no es más el Zúñiga que pone la agenda, el “favorito” que fija qué se habla sobre su candidatura y qué no. Ahora son sus adversarios los que controlan todo, son los dueños del terreno. Zuñiga se ha convertido en un hombre inseguro, con duda. Un hombre que, según como lo veo, todos los días sueña, se peina y se alista únicamente para defenderse. Yo pregunto ¿y ahora quien podrá salvarlo? ¿Podrá revertirlo, resistirlo? No lo sé. Este corto tiempo que queda hasta al 4 de octubre, es la mayor y más grande de sus pruebas.
Aldo rojas
11.09.2026




