El actual director, Juan Alfredo Seclén Palacín, habría sido designado sin cumplir plenamente el perfil exigido. No es un rumor de pasillo. Son documentos, son requisitos que, en teoría, están escritos para todos. Pero, según la información revisada, en este caso se habrían hecho ajustes al Manual de Perfil de Puestos (MPP) que, más que fortalecer el estándar, lo habrían moldeado a la medida.
El MPP exige acreditar, en los últimos cinco años, al menos 90 horas de capacitación y actualización. Seclén habría presentado solo 17. La diferencia no es menor, es un abismo. También se pedían cinco años de experiencia general, pero para su caso el requisito habría bajado a cuatro. En experiencia específica, de tres años se redujo a dos. Y donde antes se exigía un año como director de hospital, el requisito se amplió a especialista, coordinador, supervisor o asesor.
Más aún, el perfil contemplaba un año mínimo de experiencia en el sector público. Para él, ese punto figuraría como “no aplica”.
En la formación académica también hay observaciones. En el rubro de pregrado consignó estudios como médico cirujano y un máster que no correspondería a ese nivel. En posgrado declaró otros estudios, pero sin grado académico acreditado. La experiencia laboral tampoco habría sido sustentada con certificados suficientes, salvo uno que presenta una discrepancia: afirma haber sido gerente de Proyectos en Salud Materna Infantil de la Organización Panamericana de la Salud entre octubre de 2017 y enero de 2020. Sin embargo, el documento adjunto lo acredita como asesor, desde noviembre de 2017 hasta diciembre de 2019. Cargo distinto, fechas distintas.
En cualquier concurso público serio, esas diferencias pesan. Y pesan mucho.
Diversos sindicatos del hospital —médicos, enfermeras, odontólogos— han formalizado quejas por presunto hostigamiento laboral. En noviembre de 2025, los odontólogos solicitaron una reunión por la falta de personal técnico. Según su versión, el director les habría respondido que regresaran a trabajar y, acto seguido, habría ordenado un control de permanencia aun sabiendo que el personal se encontraba en la Dirección.
Asimismo, otros médicos denunciaron que por disposición del director se habría retirado el consultorio de Padomi.
El Cuerpo Médico, además, solicitó que Seclén sea declarado persona no grata, argumentando carencia de materiales, seguimiento excesivo al personal y desconocimiento del sector. Incluso algunos sindicatos enviaron cartas notariales exigiendo el cese de presuntos actos de hostilidad.
El Sindicato de Enfermeras del Seguro Social de Salud del Perú fue más allá: este año pidió al gerente de la Red Asistencial Puno la remoción del director y el inicio de un proceso administrativo sancionador.
Y hay más. El 9 y 10 de febrero, según denuncias del personal, el director no habría estado en su despacho mientras el hospital enfrentaba un corte de energía durante la realización de tres cirugías. En paralelo, versiones señalan que habría estado participando en actividades festivas con un conjunto de morenada.
La crítica también apunta al estilo de gestión. Trabajadores señalan que acceder a una reunión con el director es complicado, que médicos y personal deben solicitar cita previa incluso para asuntos urgentes, que familiares y pacientes encuentran aún más barreras. La sensación que describen es clara: una dirección distante, poco accesible, más enfocada en el control que en la solución.
En un hospital, la autoridad no se mide por el cargo sino por la capacidad de responder cuando todo se complica. Y en Puno, donde las brechas sanitarias son evidentes, la pregunta no es solo si el perfil fue flexibilizado, sino si esa flexibilidad le está costando al sistema.
La salud pública no admite improvisaciones. Y menos ajustes a la medida.




