Un joven, semidesnudo y con los ojos inyectados – ¿solo de alcohol? – arrastra del cabello a una compañera por la avenida Sesquicentenario, justo frente a la puerta principal de la UNA Puno. Los testigos graban con sus celulares, pero nadie interviene.
La escena, que se repite con alarmante frecuencia, fue captada por la cámara del programa Ver para Creer, pero ni la Municipalidad de Puno, ni las autoridades universitarias, ni la Policía parecen querer verla. Estudiantes borrachos, violencia normalizada y, lo peor de todo, la ausencia total de autoridad para frenar este caos.
EL VIDEO QUE LO DICE TODO
A pocos metros, en la Av. Costanera, y en todos los alrededores de la universidad: bares, cantinas y discotecas clandestinas —sin licencia desde siempre —sigue sirviendo tragos como si nada.
“Esto pasa todos los días”, dice Walter, un taxista de 50 años que ha visto cómo la violencia se normaliza mientras las autoridades discuten.
UNA TRAGEDIA QUE NADIE DETIENE
Mientras el alcalde Javier Ponce exige un millón de soles por supuesta difamación y el rector Paulino Machaca se atrinchera en acusaciones, la avenida Sesquicentenario sigue siendo testigo mudo de una tragedia que nadie detiene. Jóvenes universitarios, arrastrados por la presión social y el consumo desmedido de alcohol, ven cómo su vida y su futuro se desmoronan entre fiestas, resacas y promesas rotas. Lejos de los tribunales y las conferencias de prensa, aquí la realidad golpea más fuerte que cualquier demanda.
LA DOBLE MORAL DE UNA CIUDAD QUE SE AHOGA
En Puno, las prioridades parecen invertidas:
Los cercos universitarios caen en horas, por órdenes municipales.
Las cantinas ilegales llevan años operando sin control, a plena vista del alcalde Javier Ponce, sus regidores, sus funcionarios, y todos.
El alcalde Ponce prometió operativos, pero hasta ahora solo se ven comunicados. Mientras tanto, el rector Machaca denuncia “intereses oscuros” en documentos, pero su Sub Unidad de Tutoría y Servicio Psicopedagógico sigue siendo un fantasma para los estudiantes que necesitan ayuda.
LOS QUE PAGAN EL PRECIO
Los estudiantes de provincia, que llegan con sueños y terminan perdidos en bares clandestinos.
Los padres, que envían dinero desde sus pueblos sin saber que sus hijos lo gastan en alcohol, no en libros.
La ciudad, que observa cómo la violencia y el descontrol se adueñan de sus calles mientras las autoridades se pelean por dinero y poder.
UNA PREGUNTA SIN RESPUESTA
Señor Ponce: ¿De qué sirve exigir un millón por su imagen si no protege a los jóvenes que caen en bares ilegales?
Su eficiencia municipal parece tener prioridades curiosas. Las estructuras provisionales que instaló la Universidad Nacional del Altiplano fueron demolidas en tiempo récord. Pero las cantinas y discotecas ilegales, esas que todos conocen y ubican, siguen abiertas como si tuvieran licencia eterna.
Los operativos que prometiste para erradicar estos locales no se cumplen. Los recursos y la voluntad política aparecen cuando se trata de calamina y madera, pero desaparecen cuando hay que enfrentar intereses económicos y mafias enquistadas.
Señor Machaca: ¿De qué valen sus acusaciones si no actúa para rescatar a sus estudiantes?
Señor Rector, la historia lo juzgará: esta es su última trinchera. Mientras el alcalde discute cercos, la UNA no puede seguir siendo espectadora de cómo el alcohol quema generaciones.
“Cuando los bares tengan más poder que las aulas, ya no estaremos educando, sino enterrando sueños con disculpas».
Una recomendación de Luis Hinojosa
«Así como salen como matones a querer abrir puertas a la mala cuando hay toma de local, así igualito deberían salir a defender a sus estudiantes los dizque «trabajadores»», escribió Hinojosa, quien registró el video y lo publicó en su portal de Facebook,
¿DE NUNCA ACABAR?
Mientras tanto, en la Sesquicentenario, otro grupo de jóvenes entra tambaleándose a una cantina. Mañana habrá otro video, otra pelea, otra vergüenza. El alcalde Javier Ponce y el rector Paulino Machaca seguirán en “dimes y diretes”.
La verdadera derrota no está en los tribunales, sino en las calles que nadie quiere ver.
