Copacabana, Bolivia, se convirtió nuevamente en el epicentro de la fe andina con la masiva peregrinación anual a la Basílica de Nuestra Señora de Copacabana, donde miles de devotos nacionales y extranjeros se congregaron para rendir homenaje a la patrona del Lago Titicaca. Esta festividad, que combina rituales católicos y costumbres ancestrales, es considerada una de las tradiciones más emblemáticas de la región.
Una travesía de devoción y esperanza
Los peregrinos inician su recorrido enfrentando largas colas en la frontera y trámites migratorios antes de llegar a las playas de estacionamiento de Copacabana. Muchos se hospedan en alojamientos locales para participar de la misa principal en la Basílica, mientras otros madrugan para ascender al Cerro Calvario, siguiendo las catorce estaciones del Vía Crucis.
Durante la subida, los fieles adquieren miniaturas de casas, vehículos o negocios, que representan sus deseos de prosperidad, salud y bienestar. Estas ofrendas simbólicas se colocan a los pies de la Virgen, en medio de oraciones y cánticos que reflejan la profunda conexión espiritual de los participantes.
En la cima, yatiris o chamanes andinos realizan el tradicional challachi, ritual en el que utilizan serpentina, mistura y vino para bendecir a los peregrinos y fortalecer la esperanza de que los sueños representados en las miniaturas se hagan realidad.
Ritos junto al Lago Titicaca
La peregrinación también incluye una visita a la famosa “Boca del Sapo”, formación rocosa ubicada en la orilla del lago, donde los devotos realizan ofrendas y rompen botellas de champán como símbolo de buena fortuna.
El recorrido culmina con el retorno a Copacabana en embarcaciones. Allí, los fieles decoran sus vehículos y participan en la bendición de autos, ceremonia en la que los sacerdotes imploran protección para los conductores y sus familias.
Una tradición con más de cuatro siglos de historia
La devoción a la Virgen de Copacabana se remonta a 1583, cuando el escultor quechua Francisco Tito Yupanqui talló la primera imagen de la Virgen de la Candelaria, posteriormente reconocida como patrona del Lago Titicaca. La imagen pronto fue considerada milagrosa, atrayendo peregrinos de distintas regiones.
El primer santuario de adobe fue reemplazado por la actual Basílica de Nuestra Señora de Copacabana, que en 1925 fue escenario de su coronación como Reina de la Nación Boliviana. Hoy, más de cuatro siglos después, la festividad del 5 de agosto sigue siendo un símbolo de fe, cultura e identidad del altiplano andino.




