Fujimorismo decimonónico: Orden y seguridad igual a militarización

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Al igual que en Ecuador de Noboa y Colombia De la Espriella, el fujimorismo anunció la militarización de las zonas declaradas en emergencia para enfrentar la inseguridad ciudadana derivada del crimen organizado (extorsión, oro ilegal, narcotráfico).

¿Es la militarización, una dinámica en despliegue desde Boluarte hasta Balcázar (Vraem, Pataz, Putumayo y Las Pampas), el camino o alternativa para enfrentar las diversas variables del crimen organizado? Definitivamente, no sirve para eso. No solo no es -según la Constitución- su función ni están especializadas para esa labor.

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Es un anunció efectista para no combatir el crimen organizado. La razón es obvia. Fuerza Popular es la expresión política del crimen organizado (narcotráfico, corrupción, oro ilegal y trata de personas) en el poder político. Es decir, jamás van a combatir contra lo que representan.

Eso no quiere decir que no vayan a sacrificar a los niveles bajos de la cadena criminal: las bandas extorsivas y el sicariato que están desangrando al país. Es posible que puedan optar por dos «modelos» en curso: el de Noboa en Ecuador, la convivencia con las bandas o el de Bukele, negociar y meter a la cárcel a los «soldados» de las bandas.

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En esa línea de análisis, el hecho que la señora K tampoco haya hecho ningún anuncio respecto a la demanda de justicia y reparación de las víctimas de las masacres en el sur y otras zonas, ni sobre la derogación de las leyes pro-crimen, nos indican que el fujimorismo volverá a su matriz autoritaria: un régimen criminal cívico-militar.

Así, con el pretexto del combate a la extorsión y el crimen organizado (narcotráfico, minería ilegal, etc), se militarizará, en un primer momento, las zonas declaradas en emergencia y, posteriormente, dado que no habrá un combate a las industrias criminales que provocan la inseguridad ciudadana, el conjunto del país. El resultado: un país bajo control militar.

En términos prospectivos, podemos atalayar lo que Keiko Fujimori ofreció en la campaña: que va a gobernar como su padre. Las dos caletas de armas viejas y mal montadas en el Vraem, en la última semana, también indican que necesitan del «terrorismo» para mantener a las FFAA en esa meca de la cocaína nacional y seguir con el «terruqueo». Esta, pues, en despliegue el regreso a los 90 a nivel gubernamental. Es el regreso del fujimorismo decimonónico.

Jaime Antezana Rivera

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