La Rinconada sangra, pero el silencio del gobernador Richard Hancco Soncco es más ensordecedor que los balazos. El miércoles 2 de julio del 2025, treinta delincuentes armados tomaron por asalto una bocamina en el infierno dorado de Puno. Willy Alberto Mayta Quispe (38) recibió un disparo en la rodilla mientras huía. Fernando Carita Coaquira y William Mamani Mamani fueron rescatados, pero Adrián Sacaca Lechuga quedó tendido en el socavón, su cuerpo aún sin recuperar. La Policía, desarmada y desconfiable, tardó horas en reaccionar. Mientras tanto, el gobernador regional —responsable de la pequeña minería— sigue ausente. ¿Por qué?
LA RINCONADA, TIERRA DE NADIE
Aquí, a 5,100 metros sobre el nivel del mar, el Estado peruano no existe. Solo hay oro, sangre y balas. Desde enero del 2024, más de 15 muertos han sido abandonados en botaderos, discotecas y socavones. La Navidad del 2024 terminó con un padre y su hijo masacrados. En marzo del 2025, las bandas tomaron bocaminas a plena luz del día. Ahora, julio del 2025, repite la historia: mineros secuestrados, heridos, un muerto.
Pero hay un patrón más peligroso que la delincuencia: la complicidad. La Policía, según testimonios, está infiltrada. El 26 de diciembre del 2022, un policía activo —Tony Luis Huarachi Chacani— fue linchado por una turba tras acusársele de asaltar a un minero. No era un caso aislado: Huarachi estaba implicado en una estafa piramidal de 60 millones de soles.
El 24 de abril del 2025, siete policías más fueron detenidos en Juliaca por asalto a mano armada a una vivienda en la salida a Lampa. «La Policía no es solución, son parte del problema», gritan los mineros.
EL ATAQUE QUE NADIE DETUVO
2 de julio de 2025, en la mañana. Alrededor de 30 delincuentes armados y encapuchados irrumpieron en la contrata minera San Francisco de Asís, ubicada en el sector Lunar de Oro, distrito de Ananea, donde retuvieron a más de 60 trabajadores. Si bien todos lograron salir con vida, tres quedaron como rehenes; uno de ellos fue asesinado por los atacantes, según el testimonio de los rescatados.
Willy Mayta intenta escapar. Un disparo le destroza la rodilla. «Corrí, pero la bala me tumbó. Vi cómo arrastraban a Adrián», relata desde su cama en la clínica de Juliaca, donde le diagnostican fractura de fémur.
Testimonio clave: Edwin L. L., minero rescatado:
«Nos obligaron a seguir extrayendo oro. Dijeron que si nos movíamos, nos mataban. La Policía llegó tarde… como siempre».
Mientras tanto, en Puno, el gobernador Richard Hancco Soncco —el mismo que prometió «gestión y seguridad»— no convoca al Consejo Regional de Seguridad en la Rinconada. No hay garitas de control, no hay zonificación, no hay operativos conjuntos con los ronderos. Solo hay silencio.
DATOS OFICIALES: LA FARSA DEL ESTADO
El comisario Johan Romero Echavarría admite: «No entramos de inmediato por falta de equipos tácticos.» Pero los mineros lo traducen: «Tienen miedo o están coludidos».
El general Francisco Amadeo Ninalaya Martínez, jefe de la Región Policial Puno anunció un operativo con 96 efectivos. Demasiado tarde. Adrián Sacaca ya estaba muerto.
La Corporación Minera Ananea —titular de la concesión— paraliza operaciones. Pero el oro sigue fluyendo. Por encima de ellos, las cooperativas Lunar de Oro, Cerro Francisco y San Francisco La Rinconada reparten contratos. Más arriba, en la cúspide, los verdaderos dueños: mafias estructuradas que operan con apoyo de malos policías, algunas autoridades judiciales, y desde las cárceles, como confirmó este medio en Yanamayo.
DIÁLOGOS EN EL INFIERNO DE YANAMAYO: «ESTA ES NUESTRA CARRERA»
El frío de Yanamayo no es solo el de la altura de Puno. Es el frío de las rejas, de las miradas perdidas, de las confesiones que salen entre dientes. Un reportero de este medio ingresó al penal tras la pista de otro caso —el de los «profes del Altiplano», aquel escándalo de corrupción universitaria que destapó redes de extorsión y fraudes millonarios en los exámenes de admisión de la UNA Puno, durante la gestión del exrector Porfirio Enríquez Salas—, pero se encontró con algo más revelador: la verdadera estructura del crimen en Puno, con hilos en Lima y el extranjero.
En el patio de máxima seguridad, un hombre de mirada cansada —condenado a 24 años por el robo de 7 millones de soles en el aeropuerto de Juliaca en 2015— soltó una frase que explica todo:
«Usted tiene su carrera, periodista. La nuestra es esta. Vamos a morir en esto».
No lo dijo con arrogancia, sino con la resignación de quien sabe que el sistema lo devoró hace mucho. Él era uno de los ‘Piratas del Aeropuerto’, la banda que asaltó el terminal aéreo con fusiles y una logística militar. Pero en Yanamayo, los cabecillas no están solos.
«Aquí hay mafias que operan desde adentro», confesó otro reo, un exagente de seguridad vinculado a robos de oro. «Los de afuera mandan órdenes. Tienen contactos en la Policía, en fiscalías para salir del país. Saben cuándo hay operativos, qué jueces son ‘flexibles’. Por eso en La Rinconada nadie confía en nadie».
El reportero preguntó: «¿Y por qué no salen de esto?» La respuesta fue un suspiro cargado de resignación:
«¿A hacer qué? ¿Morirse de hambre?».
EL PLAN QUE NUNCA LLEGÓ
«HANCCO HABLA, LOS ASALTANTES ACTÚAN»
El 24 de marzo de 2025, en el pulcro auditorio del Gobierno Regional de Puno, Richard Hancco Soncco —con traje impecable y palabras cuidadosas— anunció ante cámaras y funcionarios:
«Aprobamos por unanimidad el Plan de Acción de Seguridad para La Rinconada y Lunar de Oro.»
Prometió:
✔ «Combate frontal al crimen organizado.»
✔ «Tecnología para fiscalía y PNP.»
✔ «Cero tolerancia a extorsiones y sicariato.»
Pero cinco meses después:
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2 de julio de 2025: Un minero asesinado y treinta secuestrados en un nuevo asalto a bocaminas.
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Cero patrullas adicionales.
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Cero laboratorios forenses.
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Cero avances.
El acta de aquella sesión —firmada por fiscales, jueces y altos mandos policiales— hoy es papel mojado.
LA SOLUCIÓN QUE NADIE QUIERE ESCUCHAR
El viento helado de La Rinconada no solo arrastra polvo de oro, sino también las voces de miles de mineros que repiten lo mismo: «Aquí la Policía no es la solución, es parte del problema.»
LA ÚNICA SALIDA: ORGANIZARSE O MORIR
Mientras el gobernador Richard Hancco Soncco sigue empeñado en su discurso de «30 Minsur para Puno» —promesa repetida hasta el cansancio en el lanzamiento de Titikaka Mining 2025)—, traiciona a la pequeña minería que sostiene a miles de familias. La Rinconada no es el enemigo: son hermanos que reinvierten en sus comunidades, en Puno, en el Perú.
Mientras tanto, la gran minería como MINSUR —cuya riqueza termina en Italia— sigue saqueando sin dejar desarrollo real. ¿De qué sirve hablar de inversiones extranjeras cuando los pallaqueros arriesgan la vida por migajas de oro, mientras las balas de las bandas y la indiferencia del gobierno los cercan?
La solución está ahí, frente a sus ojos, pero Hancco Soncco se niega a verla:
GARITAS DE CONTROL, PERO SIN POLICÍAS CORRUPTOS
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- La Rinconada necesita puestos de vigilancia en cada entrada y salida, pero manejados por la propia comunidad: ronderos mineros, trabajadores formalizados y representantes de las cooperativas.
- ¿Por qué? Porque la PNP ha demostrado, una y otra vez, su colusión con el crimen: desde el policía linchado en 2022 por asaltar a un minero, hasta los siete agentes detenidos en abril de 2025 por robo armado en Juliaca. No se puede confiar en quienes llevan el uniforme manchado de oro robado.
ZONIFICACIÓN Y PROPIEDAD PRIVADA: QUE NADIE ENTRE SIN IDENTIFICARSE
Lunar de Oro y La Rinconada deben ser declaradas zonas de acceso restringido, con registros estrictos de todo ingreso:
Carros revisados.
Armas decomisadas.
Toda persona, identificada.
La Corporación Minera Ananea, las cooperativas y los operadores deben financiar esto. Si pueden extraer millones en oro, pueden pagar seguridad.
RONDEROS Y TRABAJADORES ORGANIZADOS (PORQUE EL ESTADO NO LOS PROTEGE)
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- Los mineros ya no piden ayuda, se organizan.
- En otras zonas mineras del Perú, las rondas campesinas han frenado a las bandas de criminales. ¿Por qué no aquí?
- Los propios trabajadores, con apoyo del gobierno regional, deben formar brigadas de defensa.
- Si la Policía no entra por miedo o complicidad, que los ronderos tomen el control.
- Los mineros ya no piden ayuda, se organizan.
EXPULSIÓN DE COLUDIDOS: “EL QUE TRATA CON DELINCUENTES, QUE SE VAYA”
La comunidad minera ya aplica justicia propia contra pequeños asaltantes. Ahora debe extenderla a las bandas de asaltantes y explotadores:
- Comerciantes que abastecen a bandas criminales.
- Dueños de cantinas, naik clubs y prostíbulos vinculados a trata de mujeres.
- Transportistas que mueven oro robado.
«Si sabes que un inquilino es ladrón, lo echas de casa. Aquí igual: el que apoya a los ‘primos’, que se vaya», dice un dirigente minero, que prefiere guardar su nombre para evitar represalias.
¿POR QUÉ HANCCO NO LO HACE? PORQUE NO LE CONVIENE
Richard Hancco Soncco no es tonto. Sabe que:
- La gran minería (Minsur, Quellaveco, Southern) le da réditos políticos: fotos con ejecutivos, titulares de «inversión millonaria», viajes a foros internacionales.
- La pequeña minería (La Rinconada) solo le trae dolores de cabeza: muertos que no suman en las estadísticas de crecimiento económico, balaceras que espantan inversionistas, pobreza que no combina con sus discursos de «Puno moderno».
Prefiere firmar convenios con multinacionales que ensuciarse las manos en el infierno dorado donde la gente se mata por un puñado de mineral. Su silencio no es ignorancia: es complicidad por omisión.
EL DOBLE JUEGO DEL GOBERNADOR
El mismo día que se conocía el último ataque en la bocamina «Asís», Hancco ofreció un discurso calcado de siempre:
«Estamos monitoreando… recabando información… evaluando declarar en emergencia».
Pero los hechos desnudan su teatro:
-«Expediente avanzado»: Lo mismo dijo en marzo. Cinco meses después, solo hay más cadáveres y cero acciones.
-«Mayor presencia policial»: Una burla cuando la PNP está infiltrada (como prueban los 7 agentes detenidos por asaltos en abril).
-«Emergencia»: Palabra vacía. En La Rinconada ya viven en emergencia… desde hace años.
«Mientras Hancco ‘recaba información’, las balas recaban vidas. Y el oro sigue manchado de sangre».
EL GRITO QUE SE PIERDE EN EL VIENTO
Mientras tanto, en las alturas de Ananea, el viento repite la misma pregunta:
«¿Cuántos cadáveres más hacen falta?»
Los mineros ya tienen la respuesta. Han empezado a organizarse solos.
- Algunas cooperativas han contratado seguridad privada.
- Los comerciantes han creado grupos de WhatsApp para alertar de ataques.
- Las pallaqueras se turnan para vigilar los campamentos.
Pero sin el gobierno regional, sin leyes, sin apoyo logístico, solo están aplazando lo inevitable.
LA PREGUNTA FINAL:
¿Richard Hancco Soncco espera que La Rinconada estalle en sangre para actuar?
O tal vez, en el fondo, ya decidió que estos muertos no importan.
Mientras él sigue soñando con su «Puno minero» de multinacionales, La Rinconada sigue gobernada por las balas.









