El pasado fin de semana, el alcalde de Puno, Javier Ponce Roque, sorprendió al pueblo puneño al participar en el bloque “Los Mandachitos” junto a sus colaboradores más cercanos, incluidos gerentes y secretarias.
En una presentación que buscó cautivar a los asistentes, Ponce Roque cantó y bailó la letra «Escucha bien, no soy pisado, Mandachito soy, las amo a todas. Lo que tú necesitás es alguien como yo. Hombre puro y sincero. Que te haga muy feliz», transmitiendo un mensaje de cercanía y sinceridad.
Sin embargo, su presentación deja más preguntas que respuestas. ¿Realmente necesitamos que el alcalde participe en una danza folklórica para demostrar su compromiso con el pueblo?
Mientras Ponce Roque se muestra como un hombre «puro y sincero», muchos ciudadanos se preguntan si esta actitud superficial de acercamiento no es, en realidad, un intento de distraer a la población de problemas más serios que enfrentan los puneños día a día.
El alcalde, en lugar de centrarse en soluciones tangibles a los problemas de la ciudad, parece preferir actividades que apelan más a la emoción que a la acción concreta.
En un contexto donde la inseguridad, la falta de empleo, el acceso a servicios básicos y la infraestructura en la ciudad son preocupaciones recurrentes, resulta difícil ver cómo un baile folklórico y una canción alegre pueden realmente influir en el cambio que Puno necesita.
La pregunta que surge es si este tipo de actos son una muestra de un liderazgo auténtico o simplemente una estrategia mediática para ganar simpatía entre los ciudadanos.
Escucha la canción «No soy pisado, Mandachito soy, hombre puro y sincero», y vea los pasos del alcalde de Puno Javier Ponce Roque, aquí:
Los puneños merecen más que solo promesas y performances. Lo que realmente se necesita es un alcalde que se enfrente a los problemas estructurales de la ciudad, con propuestas claras y acciones efectivas.
Si bien el folklore y las tradiciones son parte integral de nuestra identidad, no podemos permitir que se utilicen como herramientas para eludir las responsabilidades de gobernar. La gestión pública requiere más que bailar al ritmo de la cultura local; exige soluciones, compromisos reales y, sobre todo, resultados que mejoren la vida de todos los ciudadanos.

