En plena recta final del escenario electoral, las declaraciones suben de tono. El candidato presidencial de Buen Gobierno, Jorge Nieto, encendió la polémica al cuestionar directamente al también político Roberto Sánchez, a quien vinculó con supuestos “arreglos” dentro de lo que denominó un “pacto mafioso”.
El comentario no es menor. Nieto dejó entrever que estos presuntos acuerdos habrían influido en el desenlace de la investigación por el caso de “mochasueldos”, una denuncia que apuntaba al recorte indebido de salarios a trabajadores. Según su versión, sin estos arreglos, Sánchez no habría salido “bien librado”.
Señalamientos en medio de la disputa electoral
Las declaraciones llegan en un momento clave. Aún no está definido quién pasará a la segunda vuelta para enfrentar a Keiko Fujimori, y en ese escenario, el nombre de Sánchez aparece junto al de Rafael López Aliaga como uno de los principales contendores.
A lo que va Nieto es más político que judicial, instala una duda en medio de una campaña donde la percepción de transparencia pesa tanto como las propuestas. Sin embargo, hasta ahora no ha presentado pruebas concretas que respalden sus afirmaciones.
Sin definición sobre la segunda vuelta
Pese al tono crítico, Nieto evitó adelantar una posición clara sobre eventuales alianzas. Señaló que su agrupación esperará los resultados oficiales del Jurado Nacional de Elecciones antes de tomar una decisión.
Esto, en la práctica, deja abierta la puerta a distintos escenarios. Según indicó, cualquier pronunciamiento será institucional y responderá al contexto político que se configure tras el conteo final.
Un clima de polarización creciente
El candidato también hizo referencia a la consigna ciudadana “Por estos no”, una expresión que viene ganando presencia en sectores del electorado. En esa línea, mencionó que agrupaciones como Juntos por el Perú también formarían parte de este rechazo, lo que evidencia el nivel de fragmentación política actual.
Lo que deja este episodio es claro, la campaña no solo se juega en propuestas, también en acusaciones y narrativas. Y mientras se define la segunda vuelta, el debate público sigue tensándose, con la transparencia y la ética política en el centro de la discusión.




