El 3% obtenido por Mario Vizcarra, el hermano del expresidente Martín Vizcarra, en la última encuesta de Ipsos asustó al narco-fujimorismo, sus satélites y aliados. Así, luego de tres días de esa encuesta, al parecer una mente fría en el cogollo de esa coalición advirtió el riesgo de un outsider y los convenció en hacer cambios.
En efecto, estas fuerzas a través del Congreso y los aparatos de narco-justicia y electoral que controlan (TC, JNE y algunas instancias del Poder Judicial) se habían ensañado brutalmente con Martín Vizcarra dotandole de cierta capacidad de endose. El 3% al críptico M. Vizcarra fue la factura de alerta.
La anunció de la libertad de Martín Vizcarra, así también de Betsy Chávez, expremier de Pedro Castillo, formaría parte de un proceso de desvictimización de estos actores políticos que han crecido – nos guste o no – en las encuestas y solidaridad de amplios sectores del país.
La simultaneidad de la liberación de la prisión no es una mera casualidad. Es de perogrullo que ni en la naturaleza ni en la sociedad existen las casualidades. Menos en una República narco-criminal o narcoestado en la se ha convertido al Perú: todo tiene una lógica articulada.
¿Qué subyacente tras la decisión judicial y del TC de la liberar a Vizcarra y Chávez? En el primer caso, aparte de «corregir un error que nunca debió cometerse» (Vizcarra), la decisión apunta a cortar la capacidad de endose que empezaba a tener; en la segunda, es cortar el crecimiento de su figura y el escándalo. Además, cortar el impacto negativo a nivel internacional.
Ahora, ¿es posible que ese proceso de desvictimización considere la libertad de Pedro Castillo, quien continúa con prisión preventiva de manera injusta y cuya figura mantiene un significativo apoyo en el sur andino? No se puede descartar. La percepción de ser víctima del Poder Judicial y el TC afirma ese apoyo y su papel como actor político desde el encierro en el escenario pre-electoral.
Es más, mientras no tenga una sentencia judicial, si bien no puede postular a la presidencia, sí puede ser candidato al futuro senado. Mantener a Castillo en una prisión preventiva, a contrapelo de que es indemostrable el delito de rebelión, no hará otra cosa que dotarle de capacidad de endose.
La decisión de liberar a Castillo, al igual que Betsy Chávez, está en manos del TC fujimorista. Eso hay que verlo en las próximas semanas. No en lo inmediato, sino a la luz de la decisión de libertad de Chávez. Ya que hace días el Poder Judicial rechazó el pedido del cese de la prisión preventiva excesiva que pesa sobre él.
Eso sí, es posible que su ulterior liberación venga de la mano con la inhabilitacion para postular en las próximas elecciones por parte del Congreso. Lo mismo puede ocurrir con Betsy Chávez. La desvictimización no implicará abandonar la eliminación de candidatos incómodos a la continuación y consolidación de la gobernanza narco-criminal.
Volviendo a Martín Vizcarra. Su liberación no quiere decir que el Congreso le levante las tres inhabilitaciones. Ni tampoco que no sea sentenciado por el delito de cohecho pasivo propio en el que está siendo procesado. En suma, el proceso de desvictimización será parcial y dosificado.




