Tras cuatro días, lo que ocurrió en el sector de Pongos, en Colcabamba, Tayacaja/Huancavelica, la madrugada del pasado sábado 25 de abril, fue una masacre militar a cinco jóvenes por una inexistente carga de droga en la camioneta que los trasladaba en dirección de Huallhua, capital del distrito de Pucacolpa, en Huanta, Ayacucho, en el área de influencia del Vraem. Los hechos revelados por el sobreviviente Ricardo Acuña, de quien obtuvieron un testimonio bajo amenaza, de los padres de los cinco jóvenes y del alcalde de Pucacolpa, nos permiten hacer esa afirmación.
Veamos sumariamente los principales datos. Los ocho soldados que realizaron la «operación de control territorial» y de tráfico ilícito de drogas no solo vestían de civil sino que estaban encapuchados con pasamontañas o con gorras verdes tipo petróleo, polos negros y botas de jebe; no contó con la participación de efectivos policiales, los facultados legalmente para ejecutar una operación de interdicción antidrogas; ni tampoco contó con la participación de un fiscal.
Sin el concurso de la policía antinarcóticos y un fiscal del Ministerio Público, los militares no están facultados constitucional y legalmente para ejecutar por si solos una operación antidrogas. Según la ley Tubino, los militares están facultados para colaborar con la policía en el control contra el tráfico ilícito de drogas (TID). Nada más. Por lo tanto, la operación militar contra el TID en el mencionado paraje alejado de Colcabamba fue ilegal o, por decir lo menos, absolutamente irregular.
Pero, los hechos rebasan la mera lectura legal. El alcalde de Pucacolpa, Huanta/Vraem, Rogelio Tovar, reveló como habrían ocurrido la verdad de lo que ocurrió en la madrugada del sábado 25 de abril, en el paraje de Pongos, en Colcabamba, Tayacaja, Huancavelica:
«…el ejército…no han ido a un operativo de control territorial, han ido a matar y asaltar a ‘cargachitos» (jóvenes que transportan drogas)… pensaron que ellos eran (los jóvenes que iban en la camioneta) y de frente les metieron bala. Eso ha sido. No como ellos (los militares) dicen».
Lo dicho por el alcalde de Pucacolpa es contundente. Lo que ocurrió en Pongos, Colcabamba, no fue un enfrentamiento armado entre militares y presuntos narco-terroristas y/o narcotraficantes. Eso está absolutamente descartado. Fue una masacre a cinco jóvenes perpetrados por militares que lo único que querían era asaltar una inexistente carga de droga.
Fue una masacre de una patrulla narco-militar, como muchas otras que han ocurrido en las rutas de herradura y trochas carrozables del Vraem hacía Ayacucho, Huancavelica y Huancayo (Junín). Eso es lo que el Comando Conjunto de las FFAA y la PNP del general Arriola quieren justificar con una narrativa falsa e insostenible.
La verdad se abre paso.
Jaime Antezana Rivera




