La venganza de Richard 

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Cuando una autoridad, en su afán de ser reconocida pública y políticamente por alguna iniciativa, termina recibiendo a cambio desmerecimiento, es capaz de todo, incluso hasta de arrebatar a todo un pueblo su obra más anhelada. Y esto es lo que le viene ocurriendo a la población de Crucero, en Carabaya. En donde, por el hecho que el alcalde distrital calificó de “incapaz” a Richard Hancco por la demora en la ejecución de la obra, al gobernador no se le ocurrió mejor respuesta que anunciar que desactivará el expediente técnico del estadio de Crucero, que su presupuesto será destinado a otras obras, y encima, para que nadie utilice este expediente, lo registrará inmediatamente en Indecopi.

Porque para Hancco, lo que dijo el alcalde de crucero es imperdonable. Y la mejor forma de demostrarlo ha sido castigando a toda la población de esta zona, arrebatándole el estadio que tanto esperan. Más allá que esto puede considerarse una pataleta personal, la pregunta aquí es ¿Por qué Hancco se atribuye tantas ínfulas sobre un proyecto que no es de su propiedad, sino una obra pública financiada por el Estado?

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Una obra pública no puede cancelarse porque alguien lo agravió políticamente. Tampoco puede destinarse, así por así, el presupuesto de una obra hacia otras, solo porque alguien “no le simpatiza” o porque se intuye que tiene “propósitos electorales”. Esa forma de actuar y amenazar es propia de un virrey sin control y de ninguna forma corresponde a una decisión administrativa.

Y es aquí donde surge el problema, porque lo que se ve ampliamente es que el gobernador personaliza el poder. Y en esa línea, cree que todo es suyo y que todo depende de él. Sin embargo, una obra o un expediente técnico no es propiedad de ninguna autoridad ni de una gestión. Es más bien el producto de los recursos públicos que el estado destina a la región de Puno y que es financiado por todos los peruanos.

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Es difícil entender, porque una obra pública puede cancelarse por un resentimiento político. Pero Hancco lo hace. Si esto es así, entonces las obras ya no responderían a una planificación ni a una necesidad. Sino más bien al humor o enojo de la autoridad. Bajo esa lógica, entonces el poder es discriminatorio pues se usa para castigar o premiar poblaciones. En el caso de Crucero, la decisión de Hancco, ha hecho que hombres y mujeres padezcan ahora una mutilación de sus anhelos, cuando ni siquiera han tenido que ver algo en el conflicto entre él y el alcalde.

Nunca como ahora, había sido tan visible y público, que una autoridad dolida suspenda una obra por problemas personales. Lo cierto en todo esto es que, por la necesidad de venganza del gobernador la población de Crucero podría quedarse sin estadio.

Aldo Rojas
10.03.2026

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