Desde la primera vez que oí a las bandas elevar sus ensordecedoras melodías en el aire, justo un día antes de las vísperas de la Candelaria, supe con certeza que la música era otra forma de entender la vida, otra forma de homenajear a la Virgencita Candelaria. Ese día, como lo será hoy viernes por la noche, cuando las bandas acudan al centro de la ciudad, los músicos son recibidos de la manera más fraterna y especial, como si se tratara de un hermano que se fue y que acabara de regresar de mucho tiempo a la comunidad.
El universo musical ofrecido por las bandas, toma como escenario principal todas las plazas, parques y calles centrales de cada barrio, a los cuales convierten en enormes anfiteatros, adornados de punta a punta, para que todo Puno escuche su canto. Y en medio de ese escenario cinematográfico, envueltos con ponchos y ponches calientes, los puneños celebran en perpetuo movimiento, bebiendo y cantando, entregados por completo a la fiesta y la bienvenida de las bandas.
Eso ocurrirá en Puno esta noche: las bandas ingresaran como hordas musicales desde todos los flancos de Puno, y no descansaran hasta dejar grabado su canto en la ciudad. Solo quienes vivan esta pulsación, esta exaltación de la sangre que provocan las bandas, serán capaces de entender que su música es una ofrenda gigantesca para la virgen, y a la vez, un relámpago musical que embruja y hace estremecer hasta a la oscuridad.
Aldo Rojas
6.02.2026
