No es un trueno, pero retumba. No es un relámpago, pero ilumina. Liliana Colanzi, la narradora cruceña que teje historias donde lo ancestral y lo futurista se funden en un mismo latido, acaba de ser galardonada con el Liliana Colanzi, Premio Zinklar 2025, uno de los reconocimientos más prestigiosos del cuento a nivel mundial. Y Bolivia —esa tierra de contrastes que ella ha sabido mirar con ojos de poeta y de chamán— vuelve a temblar de orgullo.
La noticia, difundida por Editorial El Cuervo —su casa literaria en Bolivia—, no es solo un triunfo personal. Es un fogonazo que revela lo que muchos ya sabíamos: la literatura boliviana late con fuerza en el mapa global, y Liliana es una de sus voces más audaces, una hechicera de palabras que desarma las fronteras entre lo real y lo sobrenatural.
El jurado y el hechizo de sus cuentos
El jurado del Zinklar no escatimó elogios: sus relatos son «inquietantes y hermosos en igual medida», un viaje literario que va desde las calles agrietadas de las ciudades bolivianas hasta los mitos profundos de los pueblos indígenas, pasando por distopías futuristas donde la humanidad se desangra entre la tecnología y la memoria.
«Son excursiones misteriosas a un mundo donde las líneas de tiempo se cruzan y la magia es real», escribieron.
Es que Colanzi no escribe cuentos: teje sortilegios. En sus páginas, los objetos cotidianos se vuelven símbolos sagrados, los muertos hablan y el tiempo se quiebra como un espejo. Sus libros —«Vacaciones permanentes» y «Nuestro mundo muerto», publicados primero por El Cuervo— no se leen: se experimentan, como un sueño lúcido o un ritual antiguo.
Una victoria con raíces y alas
Cuando la noticia estalló, Liliana no celebró sola. Desde sus redes, agradeció con esa calidez que la caracteriza:
«Muy muy honrada y agradecida… Soy la primera escritora latinoamericana elegida para este premio y espero que vengan muchas otras».
Pero su alegría no es egoísta: parte del premio irá a una biblioteca pública en San Antonio del Parapetí, Charagua, territorio guaraní. Porque ella, que ha escrito sobre comunidades olvidadas, sabe que los libros son semillas. Y quiere plantarlas donde más se necesitan.
El festejo y la ceremonia
El 20 de junio, en Copenhague, Liliana recibirá el galardón en Thiemers Magasin, un espacio que ahora guardará su nombre junto al de gigantes como Lydia Davis y Etgar Keret. Pero el verdadero festejo ya empezó en Bolivia, donde sus lectores —esos cómplices de sus mundos literarios— levantan las copas y releen sus páginas, buscando de nuevo ese escalofrío que solo ella sabe provocar.
Mientras, en algún lugar entre Santa Cruz y el cosmos literario que ella ha creado, sus historias siguen respirando. Porque los cuentos de Liliana Colanzi no mueren: se multiplican.

Escritor y periodista de investigación peruano. Premio Nacional de Periodismo 2018. Autor de la novela “Mandato de los diablos subterráneos”, guionista de radionovelas y cine. Escribe en ElObjetivo.pe, reportajes de salud, artículos de literatura, cultura e historia.





