Caos y desolación tras la lluvia más intensa del año
La ciudad de Arequipa vive horas críticas luego de que una torrencial lluvia —la más intensa de la temporada— provocara el desborde de varias torrenteras, entre ellas la de Chullo, generando inundaciones, viviendas afectadas y más de 30 vehículos sepultados por el lodo en el distrito de Yanahuara.
El impacto fue inmediato. El agua descendió con violencia arrastrando piedras y escombros que bloquearon calles enteras en urbanizaciones como Abogados, San Agustín y Buena Vista. En esta última, el ingreso quedó completamente anegado, mientras vecinos reportaron daños estructurales en viviendas y unidades vehiculares atrapadas bajo el barro.
El colapso también alcanzó infraestructuras estratégicas. El Terminal Terrestre de Arequipa y el Terrapuerto de Arequipa quedaron parcialmente inundados tras el ingreso del agua, afectando operaciones y generando retrasos en el transporte interprovincial. Hasta la mañana del viernes continuaban las labores de limpieza.
En distritos como Cayma, Paucarpata, Miraflores, Cerro Colorado y Yura, las precipitaciones dejaron calles intransitables y tránsito colapsado. La torrentera también avanzó por sectores cercanos al colegio Lord Byron y Calle Grande, extendiendo los daños hacia zonas limítrofes entre Yanahuara y Cayma.
Otro punto golpeado fue la sede de la Universidad Continental, donde se reportaron afectaciones en su infraestructura. Decenas de estudiantes quedaron temporalmente aislados debido al anegamiento de las vías.
Vecinos exigen acciones inmediatas
La magnitud de los daños ha reabierto el debate sobre la gestión de riesgos y el mantenimiento de torrenteras en la Ciudad Blanca. Vecinos reclaman una intervención preventiva más efectiva y planes de contingencia ante fenómenos recurrentes durante la temporada de lluvias.
Mientras continúan los trabajos de limpieza y evaluación de daños, las autoridades recomiendan evitar las zonas afectadas y no estacionar vehículos cerca de torrenteras activas.
Arequipa enfrenta así una nueva prueba climática que evidencia la vulnerabilidad urbana ante eventos extremos cada vez más frecuentes.




