Las nuevas imágenes de cuatro jóvenes con talla y contextura similar a la de los policías vestidos con uniformes de Grecco (los pasamontañas no usan esa unidad policial) que ejecutaron el cuádruple asesinato y el secuestro de Jenns Lara el pasado 30 de agosto, así como la camioneta de la misma marca (Hayduk) utilizada ese día, reveladas por el periodista de Hildebrandt en sus Trece Bruno Amoretti, echarían por los suelos toda la versión de la PNP (liderados por los generales Óscar Arriola y Víctor Revoredo y Espinoza) y el ministro de Defensa Rafael Belaúnde Llosa. Después por el ministro del Interior César Astudillo y por Keiko Fujimori.
Esa versión, pese a que no encajaba -de acuerdo a las múltiples imágenes grabadas por las cámaras- con la talla y contextura de los masacradores y secuestradores, consistió en presentar a cuatro jóvenes cuyas tallas -con excepción de uno de ellos- no correspondían a la de los reales autores del doble crimen: son baja estatura y una contextura muy diferentes a las mostradas en las imágenes vistas por todo el país. Era evidente que no eran los autores materiales. Pero, para la PNP, sí lo eran.
A contrapelo del porte y contextura de los autores materiales, el lunes 7 de septiembre, la PNP llevó a cabo la reconstrucción del cuádruple asesinato y secuestro con los cuatro detenidos de baja estatura, presentados también como miembros de la banda Los Pulpos. Eso fue un montaje que suscitó la proliferación de memes en las redes sociales. Nada frenó a la PNP y al gobierno. El objetivo era muy claro: chantarle a Los Pulpos la autoría debido a una pugna por cupos con La nueva Jauría de alias Jolín.
Las nuevas imágenes de los cinco jóvenes y la camioneta, que duda cabe, darán un vuelco al relato policial y oficial. Esto abona, en cierto modo, la hipótesis que hemos sostenido al respecto y agregarle algo nuevo: pueden ser un grupo o destacamento compuesto por un policía y sicarios bien entrenados en desplazamientos tácticos, en asesinar con rapidez, frialdad y puntería (a la cabeza o corazón) y secuestrar y esposar al empresario minero con calma y llevárselo con ellos.
Es un tipo de sicarios profesionales y contratados dedicados a realizar ese tipo de acciones para quienes les contraten. Algo de ese modus operandi se pudo advertir en el ataque sicarial a Andrea Vidal, en la primera quincena de diciembre de 2024: cuatro motos con un sicario y conductor en cada uno de ellos, con custodia policial y más de 62 disparos con el objetivo de acabar con la vida de la principal testigo de la red de proxenetismo en el Congreso.
Nuevas imágenes de camaras de seguridad de Trujillo
Jaime Antezana Rivera




