En el afán de destacar y llamar la atención, al grupo de covers Mariajuana no se les ocurrió mejor idea que distorsionar y alterar de manera arbitraria la forma y sentido original de la máscara del kusillo. A partir de la “creatividad” de este grupo, ahora la máscara del kusillo ya no es más un elemento relacionado a la tradición, sino un objeto brillante, de apariencia vidriosa y con una estética orientada exclusivamente al espectáculo. Y encima se presenta esta distorsión ante el público como una “gran creación” como un “aporte histórico para elevar a Bolivia”.
Yo no sé quién les ha dado licencia para hacer este tipo de tergiversación. El hecho que se autoidentifiquen como “artistas” no les da el derecho de distorsionar la tradición. El kusillo es un personaje antiguo del altiplano puneño, con una identidad claramente reconocible dentro de las danzas originarias. Su sentido no está en el brillo, el espectáculo ni en el alarde, más bien se caracteriza por la burla ritual y la relación simbólica con la comunidad, la agricultura y la ganadería. Toda su indumentaria gira en torno a una confección local, con materiales naturales y formas derivadas del pasado. En ningún momento este personaje respondió a objetos industriales diseñados para reflejar luces o captar miradas, mucho menos para conseguir protagonismo, que huele a lucro económico.
Lo que viene haciendo Mariajuana es una evidente distorsión de la identidad del kusillo. No se trata de una reinterpretación o evolución del personaje, sino de una franca imposición de cambios que no nacen de un proceso histórico, ni de la tradición. Y eso, por donde se mire, desplaza al kusillo del lugar al que pertenece y lo coloca en un espacio netamente de espectáculo.
Pero en el ámbito boliviano este fenómeno no es nuevo. Un caso similar ocurrió en el área musical con Los Kjarkas, quienes, hacía ya varios años, difundieron una versión estilizada de la “saya”, que con el tiempo terminó siendo asumida por muchos como si se tratara del ritmo original. Ese mismo caso se repite ahora con Mariajuana, quienes en vez de respetar el personaje alardean una alteración y encima lo difunden como si fuera un logro cultural. Y todo bajo la lógica de ganar protagonismo individual que se presta a lucro económico.
El problema ahora es ¿Quién detiene a este grupo? Quién les hace entender que lo que vienen haciendo unilateralmente termina afectando la identidad de un personaje tradicional. Yo no digo que no se innove, pero recrear sin responsabilidad cultural en donde sea es un peligro. Me resisto a aceptar que en nombre de un “carnaval” en Bolivia creen que pueden hacer lo que quieran. Desde ya, lo mínimo que se debe exigir es que no se presente como ‘original’ lo que es una versión distorsionada y dirigida al espectáculo. Esta distorsión debe ser rechazada desde todos los horizontes.
Aldo Rojas
2.02.2026





