Narcogate en Panamá: Pugna entre narco-mafiosos de alto vuelo por supuesto fraude electoral local

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Así como se ha revelado el escándalo llamado Hondurasgate, en la que EEUU e Israel estarían conspirando para devolver al expresidente de Honduras, Juan Orlando Hernández, al poder en ese país, aquí tenemos nuestro propio escándalo que lo vamos a llamar el Narcogate en Panamá, que involucra a uno de los «Capo Tuti di Capi» (Jefe de jefes) de la narco-burguesía peruana, en el financiamiento de la campaña electoral de Fuerza Popular y el supuesto fraude en la primera vuelta de las elecciones.

¿Quién es ese «capo tuti di capi» (jefe de Jefes) de la narco-burguesía nacional? Estamos hablando, sin mencionar nombres ni apellidos, de un ínclito representante de la narco-burguesía nacional que se ha movido -entre otros- principalmente en tres rubros empresariales: pesca, agroexportación y minería, en las que camuflado la exportación de la «harina Blancaflor» de las cuencas cocaleras hace más de 40 años. Según Francisco Durand en su libro Los doce apóstoles de la economía peruana, es uno de los dueños del Perú.

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Y, desde la segunda mitad de los 80, post Mosca Loca y Carlos Langberg, es uno de los mas importantes financistas de las campañas electorales en el Perú, período en el que habría empezado a cuajar la acumulación primigenia de su multimillonario patrimonio.

Marylu Gambini Lostaunau Así es: desde Alán García, a quien le dio su camioneta para la campaña de 1985.

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Luego, estuvo con Fujimori. Esa relación se rompió porque no acepto -al igual que «Olluco»- los sobornos por la exportación de la harina «blanca». Esa habría sido la razón de su secuestro. En la campaña electoral de 1985, puso una de sus camionetas a disposición de Alan García a cambio de protección política e influencia en su gobierno. Tras el ascenso del fujimorismo en 1990, como la mayoría de capos del narco, obtuvo protección política a cambio de sobornos. A finales de los 90, el SIN del «Doc» pretendió -al igual que «Vaticano» y «Olluco»- elevar el cobró de los sobornos. No acepto.

Ese incidente habría sido la causa de su secuestro, una de las acusaciones delictivas que elevó a 25 años de prisión al patriarca del fujimorismo. Se quebraron las relaciones por buen tiempo. Posteriormente, tras la caída de la narco-dictadura fujimorista, regresó a las altas esferas de poder con Toledo, prosiguió con Ollanta Humala y PPK. Según una foto palaciega, también habría tenido vínculos con el gobierno de Pedro Castillo.

Jaime Antezana Rivera

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