Pedro Castillo fue vacado por el fallido golpe de Estado. Eso es irreversible. Su caso tiene que ser juzgado por el sistema de justicia.
Pero su vacancia no es suficiente. El Congreso, otro responsable de la crisis política y la ingobernabilidad, no se puede quedar. Se tiene que ir.
El Congreso no puede pasar como si fuera un baluarte de la democracia. Menos la coalición criminal (FP, APP, Podemos, RP, etc)
Esa coalición buscó, hasta el golpe de Castillo, perpetrar un narco-golpe. En su lógica golpista ha arrasado con las leyes y su propia Constitución.
La coalición criminal, una alianza entre narcotráfico y la corrupción, no es democrática. Es el crimen organizado entronizado en ese poder del Estado.
Dina Boluarte debió y debe convocar a nuevas elecciones generales. No se trata de evaluar esa propuesta, como declaró a los medios.
Si Boluarte quiere quedarse será para que gobierne con las organizaciones criminales, con los que perdieron las elecciones generales de 2021.
Y, si no gobierna con estos, la «decapitarán» como hicieron con Viizcarra y Castillo. Su naturaleza es golpista y contraría a los intereses de las mayorías nacionales.
¿Por qué son golpistas? Fácil: ellos saben que no tienen otro camino para asaltar el Ejecutivo que el narco-golpe parlamentario. Saben que no ganarán las elecciones.
La mayoría quiere que se vayan todos. La presidente Dina Boluarte tiene que entender que esa es la salida política más sana y ordenada a la crisis política e institucional.
De no hacerlo, las protestas irán en crecimiento bajo la consigna ni Castillo ni Boluarte o, en otros términos, ni Castillo ni el Congreso. Ese es el humor que recorre el país.
Jaime Antezana Rivera




