Los medios de comunicación asociados a intereses empresariales han iniciado una intensa campaña para privatizar Petroperú justo cuando está por ingresar al mercado de la refinación luego de ser solo un mayorista de combustible durante casi 30 años.
Además de la refinería, en el año 2023, los pozos petroleros del lote 192 regresarán a dominio del Estado pues los contratos de explotación privada del recurso terminan su vigencia.

De manera que Petroperú está por tener petróleo crudo, una refinería y, solo le faltaría tener grifos propios para ser una empresa poderosa.
Hasta que no recupere esa presencia en el mercado, Petroperú, en palabras de Humberto Campodónico es un hombre que quiere avanzar “sin brazos y sin piernas” pues los mayores márgenes de ganancia se dan en la extracción y refinación.
La guerra de Ucrania
La guerra en Ucrania y la barrera comercial impuesta al petróleo Ruso, ha generado que, en el resto del mundo, el combustible aumente su precio y, a en consecuencia, aumenten las ganancias en la refinación y la extracción.
En mayo de este año la especialista mexicana Rocío Nahle indicó que la industria de la refinación de petróleo alcanzó márgenes (ganancias) récord pues era de 6.2 dólares pero, ahora se ubica por los 47 dólares por barril.
Son ganancias sumamente atractivas como para que las empresas privadas las ignoren
El Lobby energético
La evidencia más reciente de la influencia de Repsol en el congreso de la república las reveló el periodista Abel Cárdenas en un reportaje donde describe a detalle cómo es que los congresistas fujimoristas aprovecharon su mayoría para bloquear un informe perjudicial para Repsol.
En ese documento, un grupo de congresistas, encontraron evidencia de la responsabilidad de la empresa española en el derrame de petróleo en Ventanilla.
La evidencia del poder de la empresa en los medios de comunicación fue, justamente, la poca cobertura de los medios de comunicación al escándalo revelado por Abel Cárdenas.
El papel de la contraloría
Al ser mayorista, Petroperú vive de comprar y vender combustible con grandes cantidades de dinero que se presta y paga. Si los bancos le prestan tan fácil es que, al tratarse de una empresa grande obtiene en general buenas calificaciones para ser sujeto de crédito.
Esa “calificación” depende de la Contraloría General de la República, institución que está obligada a solicitar y contratar a una calificadora para Petroperú.
Hasta la fecha, la última calificación no se lleva a cabo pese a que la Contraloría recibió las bases preparadas por Petroperú el 1 de junio del año 2021, tardó cinco meses en efectuar la convocatoria y dejó a la empresa auditora sin tiempo para culminar su trabajo.
Un salto
La campaña para privatizarla es una carrera contra el tiempo. El inicio de las operaciones de la refinería de Talara puede echar por tierra el plan. Una ojeada a los medios de comunicación ligados con intereses empresariales denota hasta desesperación por evitar el salto de la empresa.
Aldo Mariategui, conocido por ser un “periodista empresarial”, escribió un artículo de opinión titulado “Maldito sea Petroperú”. Perú 21 sacó titulares del tipo “Petroperú al borde de la quiebra” con lo que se resume la campaña mediática para privatizarla.
Futuro
La ofensiva contra Petroperú coincidió con el nuevo intento de vacancia contra Pedro Castillo. Nada es casualidad. La salida de Humberto Campodónico también dio señales de la intensa presión para privatizar la empresa petrolera.
Pedro Castillo, sin entregarse completamente a los brazos de la élite económica, tomó varias medidas para contentarlos, por ejemplo, multas a empresas pesqueras, más devolución de impuestos para las mineras, designación de “tecnócratas” (agentes empresariales) en los ministerios clave.
Castillo ha tomado un camino intermedio pues propuso desembolsar una buena cantidad de dinero del Estado y a la vez, dispuso una privatización parcial con la venta de acciones a manos privadas.
J.Carlos Flores Vargas




