Proyecto hospitalario de Hancco carece de legitimidad 

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En política la ausencia de una autoridad suele planearse preventivamente, cuando existe indicios claros de que su imagen corre un gran peligro. En el caso de hoy, por ejemplo, se llevó a cabo la audiencia descentralizada de salud, organizada por el congreso de la república, donde unos de los temas gravitantes fue la construcción del hospital Manuel Núñez Butrón. Sin embargo, sorprendentemente no asistió ni el gobernador regional ni el alcalde municipal.

Ambos, que ante los medios suelen mostrar gestos de preocupación por la salud puneña, hoy decidieron no formar parte de este evento, aunque sí enviaron a sus funcionarios, como carne de cañón, para registrar cada detalle cada murmullo social.

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La intuición de un riesgo político alto que parecen haber tenido ambas autoridades, en especial Richard Hancco, fue correcta. Y es que, apenas inició la audiencia, la primera demanda que estalló en el gran salón, fue que el hospital Manuel Núñez Butrón se debe construir en su lugar de origen: Jayllihuaya.

El respaldo que se le dio a esta postura fue tan contundente, que, además de abarrotar con aplausos el salón municipal, alcanzó para dejar en claro, al ausente gobernador, que la idea de derruir el actual hospital y construir otro similar en el mismo lugar (Avenida el Sol) es una decisión personalista, autoritaria, y manipulada en complicidad con el PRONIS. A quien, de manera entreguista, le dio potestad sobre la autonomía regional, dejando a su libre voluntad esta obra.

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Aquí está cómo previendo este escenario de rechazo social, el gobernador decidió fabricar una actividad fachada, para no asistir y justificar su inasistencia. Este criterio, que es propio de un liderazgo evasivo e indeciso, confirma que el gobernador regional no tiene respaldo social, y peor aún, que teme enfrentar sus propias decisiones y sostenerlas ante la opinión pública.

Desde mi perspectiva, elaborar un buen discurso para enfrentar estos casos, es mucho mejor que evadirlos con la ausencia. La cruda verdad es que, la ausencia del Gobernador lejos de proteger su imagen y su gestión, como él seguro debió pensar, más bien ha terminado exponiéndolo como una autoridad y gestión débil, sin norte y alejado de las demandas reales de la población puneña, que demanda la construcción del hospital en Jayllihuaya.

Me pregunté esta mañana ¿Cuál será el costo político que el gobernador enfrentará por no asistir a un evento que para la población era realmente importante e incluso decisoria? La respuesta es simple, su silencio será percibido como un signo de cobardía política y que su proyecto hospitalario carece de legitimidad social.

Lamentablemente, cuando se trata de gobernar, el líder que no enfrenta los conflictos sociales, termina perdiendo la confianza de su gente. Y esa perdida, provoca inmediatamente un vacío de poder, que es aprovechado por los opositores, así como para tomar nuevas decisiones.

Tal parece que así también entendió esta mañana el quorum cuando entre las primeras conclusiones alcanzó a señalar que el hospital debe construirse de todas maneras en Jayllihuaya. Pobre gobernador tan mal que está, tan mal que estará.

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