El talento puneño vuelve a hacerse notar a nivel nacional. Esta vez, desde el corazón del altiplano y con identidad propia, el productor Basilio Chipana Gutiérrez alcanzó el segundo lugar en el concurso nacional de tablas queseras organizado por Agromercado, consolidando a Puno como un referente en la producción láctea artesanal.
No es solo un premio. Es el resultado de un trabajo que mezcla tradición, territorio y una apuesta clara por la calidad.

Una propuesta que combina gastronomía y cultura
La creación que conquistó al jurado lleva un nombre que ya dice mucho: “Sinfonía Diabólica de Samán”. Y no es casual. La propuesta toma como inspiración la Diablada puneña y la traslada a una experiencia gastronómica que va más allá del sabor.
Elaborada a más de 3,800 metros de altitud, la tabla reúne quesos madurados en condiciones propias del altiplano, lo que le da características únicas en textura y sabor. Aquí no hay improvisación, cada elemento está pensado.
Se incluyen variedades como Paria, Andino, Gouda, Tilsit y queso de oveja, combinados con productos locales como maíz tostado y frutos de temporada. El resultado es una experiencia que conecta directamente con el territorio.

Producción artesanal con identidad puneña
Detrás de esta propuesta está el trabajo de la planta “Don Lorenzo, la casa del queso”, donde se apuesta por procesos artesanales que respetan los tiempos naturales de maduración.
Pero hay algo más que marca la diferencia. La producción se realiza en articulación con ganaderos de la zona, lo que no solo garantiza materia prima de calidad, sino que también fortalece la economía local.
A lo que voy es simple: no es solo un producto, es toda una cadena que se sostiene en el esfuerzo colectivo.

Puno, más allá del paisaje
Este reconocimiento no solo pone en vitrina a Basilio Chipana. También reafirma algo que muchas veces se dice, pero aquí se demuestra: Puno no es solo paisaje, es cultura viva, es trabajo y es talento.
En un contexto donde competir a nivel nacional no es fácil, este tipo de logros evidencian que desde las regiones también se puede innovar sin perder identidad.
Y eso, al final, pesa más que cualquier premio.





