Qué tiempo tan terrible el que no esta tocando vivir, el 2024 suplicando por lluvia por la sequía, y ahora, el 2025, rogando para que deje de llover. Veo a partir de aquí, una retahíla de desgracias que mal que bien se viene atendiendo. Sin embargo, un aspecto verdaderamente preocupante, en todo este enmaraño de infortunios, es la ausencia de noticias sobre si los estudiantes retornan o no, a clases, según la programación oficial que es para la siguiente semana.
Particularmente pienso que las autoridades ya debieron pronunciarse: negando dicho retorno u ofreciendo alguna otra alternativa. Porque como se puede ver y es bastante claro: no existe condiciones para el retorno escolar por la grave crisis que viene atravesando la región. El reclamo de algunos padres de familia porque se emita un pronunciamiento oficial sobre este aspecto me parece razonable: es un gran riesgo enviar a los hijos en este paisaje desolador.
Curiosamente, este sentimiento de alerta parece no haber llegado aún a las fibras de las autoridades, porque aún hay un silencio sepulcral. Sin embargo, se debe entender que, por ejemplo, en las zonas rurales, las lluvias han convertido los caminos en ríos de lodo, lo que claramente dificultará el retorno de los estudiantes y docentes al centro educativo. En otros casos, los ríos han desbordado y han hecho intransitables las carreteras, lo que ha dejado a varias comunidades desconectadas, sin posibilidad de poder retornar a clases. En otras zonas, las instituciones educativas han quedado virtualmente sumergidas en el agua o con graves daños, lo que haría imposible que los alumnos pudieran asistir, por el peligro inminente. El caso en las ciudades es similar. Por ejemplo, en localidades como Juliaca, mientras permanezcan las lluvias los estudiantes estarán siempre expuestos al peligro por las temibles inundaciones de las calles, donde para transitar uno tiene que ir en cayacs o sumergiendo sus pies hasta por encima de las rodillas.
Lo más lamentable en este escenario, es que las autoridades de toda la región apenas pueden y vienen auxiliando las emergencias (abriendo caminos, llevando alimentos, liberando canales, etc.), lo que nos dice que aún no existe condiciones propicias para que se dé el retorno a clases.
Entonces el asunto es claro: ¿se debe insistir en cumplir con el cronograma establecido o es necesario adaptarse a la realidad climática? A boca de jarro podría decir que se reprograme el calendario y que se inicie en abril. Sin embargo, se podrían barajar también otras alternativas como implementar clases virtuales temporales, hasta que las cosas mejoren. O, talvez, que se evalué cada zona o institución específica para tomar decisiones de acuerdo a cada realidad local. Es cierto que puede haber otras alternativas, pero lo que no se puede hacer es dejar en un mar de incertidumbre a la población.
El silencio es la forma mas cruel de atender los reclamos. Pienso que la población necesita respuestas y las autoridades, pronunciarse con prontitud. Declarar las medidas concretas y la manera en la que los estudiantes regresen a clase si peligro, es lo muchos esperan escuchar.
Aldo Rojas
