En Moho, donde el viento corta la piel y la historia suele contarse en voz baja, el nombre de Rita Poma vuelve a sonar con fuerza. No como una consigna folklórica ni como una postal turística, sino como lo que fue y sigue siendo: una herida abierta en la memoria del Estado peruano.
Para muchos, el homenaje de Pinkillada Moho sorprendió. No porque Rita Poma no merezca ser recordada, sino porque la historia oficial se encargó de silenciarla durante décadas. ¿Quién fue Rita Poma? Fue una joven aimara de apenas 24 años que entendió, antes que muchos, que enseñar a leer en el altiplano era un acto de rebeldía.
Educar era sublevarse
Rita Puma Justo —conocida como Rita Poma— nació el 2 de enero de 1900 en San Luis de Charajiri, Alto Huaraya, distrito de Moho, región Puno. Hija de campesinos comerciantes, creció viendo de cerca la humillación sistemática contra los pueblos indígenas, el abuso gamonal y el miedo como política cotidiana.
A caballo, con cuadernos bajo el brazo y una convicción que no conocía el miedo, recorrió comunidades promoviendo la educación rural, en una época en la que los hacendados destruían escuelas para evitar que los indígenas aprendieran a leer. Fundó y dirigió la primera escuela rural Chuño-Huyo, convirtiéndose en la primera maestra campesina del siglo XX en Puno.
En el Perú de los años veinte, alfabetizar a un indígena era considerado una amenaza. Rita lo sabía. Y aun así, no se detuvo.
El castigo por pensar
El 9 de enero de 1924, el Estado —a través de sus brazos locales, civiles y armados— decidió dar un escarmiento. Rita Poma fue capturada, torturada, arrastrada por un caballo y finalmente ahorcada en un eucalipto del cementerio de Moho. Su crimen: defender la educación y la dignidad de su pueblo.
Tenía 24 años. No llevaba armas. Llevaba libros.
Su asesinato no fue un exceso: fue un mensaje político. En el Perú profundo, educar seguía siendo peligroso.
Memoria que resiste
Hoy, más de un siglo después, Rita Poma ha sido reconocida oficialmente como heroína y mártir aimara, mediante el Acuerdo Regional N.° 325-2022-GRP-CRP. Pero el reconocimiento institucional llega tarde. El verdadero homenaje es no permitir que su historia vuelva a ser enterrada.
Su nombre vive en canciones, como la interpretación de Renata Flores, y en la memoria colectiva de Moho, donde su figura inspira las luchas indígenas contemporáneas por educación, territorio y respeto.
Recordar a Rita Poma no es nostalgia. Es un acto político. Es preguntarnos cuántas Ritas más fueron silenciadas para que el país siguiera siendo injusto. Es entender que la educación rural no nació como política pública, sino como desobediencia.
En tiempos donde la memoria incomoda y la historia se maquilla, Rita Poma sigue siendo peligrosa. Porque nos recuerda que el Perú se construyó también sobre el ahorcamiento de quienes se atrevieron a enseñar.
¡Viva Rita Poma!
¡Vive su legado, vive su lucha!
¡Viva Moho!
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