La protesta de padres y madres de familia del colegio Leoncio Prado, en Tacna, abrió un nuevo debate sobre los límites de la disciplina escolar y la protección de los estudiantes dentro del sistema educativo. Frente a la sede de la Unidad de Gestión Educativa Local (UGEL), un grupo de apoderados exigió que el docente Edgar Benique Villaca no regrese a las aulas tras denuncias de presunto maltrato físico y psicológico contra escolares de primaria.
La manifestación se desarrolló en medio de preocupación e incertidumbre entre las familias, quienes demandan una respuesta oficial de las autoridades educativas y garantías para la continuidad del actual proceso pedagógico.
Padres temen retorno de docente tras suspensión temporal
De acuerdo con lo señalado por los manifestantes, el profesor habría sido suspendido temporalmente por un periodo de 180 días mientras se evaluaban las denuncias formuladas en su contra.
Sin embargo, los padres expresaron su preocupación ante un eventual retorno del docente al mismo grupo de estudiantes, que actualmente cursa el sexto grado de primaria.
Durante la protesta, los apoderados también hicieron referencia a presuntos antecedentes vinculados al caso y solicitaron a la UGEL Tacna una posición clara respecto al futuro laboral del docente dentro de la institución educativa.
Además, pidieron la permanencia de la profesora que asumió el reemplazo temporal, argumentando que ello permitiría garantizar estabilidad emocional y continuidad en el aprendizaje de los escolares.
Caso reaviva discusión sobre disciplina y educación escolar
La situación rápidamente trascendió el ámbito educativo y generó amplio debate en redes sociales, donde surgieron posiciones divididas respecto al rol de la disciplina en las aulas.
Un sector de usuarios respaldó una postura más rígida en la enseñanza y recordó que, décadas atrás, los métodos estrictos eran considerados parte de la formación escolar y del respeto hacia la autoridad docente.
No obstante, otras opiniones remarcaron que los enfoques educativos actuales priorizan la integridad física y emocional de los estudiantes, subrayando que la disciplina puede aplicarse sin recurrir a prácticas que afecten su bienestar.
El intercambio reflejó una discusión aún presente en la sociedad peruana, marcada por el contraste entre modelos tradicionales de autoridad escolar y nuevas perspectivas orientadas a la convivencia respetuosa y la protección de los derechos de niñas y niños.
