Trump va perdiendo la guerra

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Tras haber amenazado a Irán de destruirlo completamente, Donald Trump, ante la contra-respuesta persa alertando que podrían atacar ductos y pozos petroleros, plantas desalinizadoras y otras industrias de sus aliados, dio otro zigzag proponiendo negociaciones para terminar el conflicto.

Él sabe que viene perdiendo, que los ciudadanos norteamericanos, Europa y sus socios asiáticos le piden acabar con la guerra, y que, por culpa del cierre del estrecho de Ormuz (por donde pasa el 20% del petróleo y gas, así como el 30% de los fertilizantes al mundo), estamos entrando en una inflación y recesión globalizadas. Trump trastocó sus promesas electorales de eludir nuevas guerras y abaratar combustibles. Teme alterar los mercados y que en las elecciones parlamentarias de noviembre podría perder el congreso, posibilitando su eventual impeachment.

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EE. UU. tiene 50,000 tropas en Oriente Medio, pero si se atreve a invadir Irán, acabaría peor que en Afganistán. Quisiera encontrar una fórmula para suspender la guerra, aunque en Israel muchos quieren continuarla para aprovecharla hasta anexarse Gaza, Cisjordania y partes de Líbano y Siria, expulsando a sus habitantes. Esto último terminaría haciendo explotar a la dividida sociedad israelí, agigantando el aislamiento internacional de su Estado.

Esta guerra es la única en la historia mundial en la cual los dos bandos contrincantes se atacaron en un mismo día sus respectivas plantas nucleares. Dimona, donde se encuentra el mayor productor de armas atómicas del Mediterráneo, fue bombardeada intensamente por Irán (y luego por Yemen, quien acaba de entrar a la guerra), cuyos misiles hipersónicos han perforado la «cúpula de hierro» que protegía a Israel, alcanzando a decenas de ciudades de dicho Estado, destruyendo diariamente distintos edificios del gran Tel Aviv y minando la confianza ciudadana hebrea.

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Desde octubre 2023, casi 300 periodistas han sido asesinados en Gaza y en Israel hay una severa censura autoritaria que impide que se puedan filmar los bombardeos que reciben. CNN y Fox no pueden enfocar sus cámaras a los misiles que vuelan encima de sus reporteros. Las únicas imágenes que se permiten mostrar son las de casas civiles demolidas que permite el gobierno. No hay manera de que el público hebreo o mundial sepa qué daños han sufrido los predios del primer ministro, ministerios, centrales de inteligencia o defensa, etc. Sin embargo, han salido diversas imágenes con el humo producido por las principales plantas químicas, de fabricación de armas y de industrias de espionaje satelital en distintas ciudades israelíes.

Manifestantes hebreos demandan acabar con la guerra (la cual aún sigue siendo popular en Israel, pero no en EEUU ni en el resto del mundo). Uno de cada cinco judeo-israelíes rechaza servir militarmente por razones religiosas, enfrentándose a quienes buscan reclutarlos. Tras casi un mes de haber pasado decenas de horas bajo refugios, muchos israelíes cuestionan a «Bibi» Netanyahu por iniciar una guerra que no pueden ganar y que sirve para tapar las investigaciones criminales en su contra e impedir que caiga. Los principales líderes opositores sionistas compiten en belicismo expansionista con el gobierno. Bezalel Smotrich, el único ministro de Finanzas abiertamente fascista del mundo, demanda anexar el Líbano sur y Damasco.

Un difundido video en internet muestra a una israelí queriendo echar al ministro de seguridad Ben-Gvir de su bombardeada ciudad, acusándole de ser un «judeo-nazi» que provocó la guerra. Son varios ministros que se esfuerzan por emular a antisemitas europeos que antes les persiguieron, promoviendo pogromos, expulsiones masivas, torturas, asesinatos y violaciones a los semitas palestinos (descendientes de los israelitas bíblicos). Algunos oficialistas plantean lanzar bombas atómicas.

Un ex-jefe del servicio secreto británico y otros especialistas militares coinciden en señalar que Irán viene tomando la iniciativa y que no le conviene una tregua hasta haber destruido instalaciones militares estadounidenses e israelíes o garantizar que no vuelva a ser atacado y que se paguen reparaciones. Teherán aprovecha haber dejado sin defensas antimisiles a sus rivales para seguir castigándoles. Ningún otro país quiere unirse al bloque militar EE. UU.-Israel.

Se benefician del conflicto Rusia (quien exporta sus hidrocarburos a mayores precios y agota el arsenal que Washington da a Ucrania) y China (quien ve que EE. UU. remueve sistemas antimisiles desde Corea al Medio Oriente, aprovechando para amenazar a Taiwán).

Isaac Bigio. Politólogo economista e historiador con grados y postgrados en la London School of Economics.

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