Sobre el golpe oligárquico a Castillo 

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Dejemos de lado las apariencias constitucionales y vayamos al fondo de los procesos para entender lo que ha pasado en nuestro Perú: la CONFIEP, las FFAA, las FFPP, los medios burgueses, la embajada de EE.UU. y las transnacionales a través de sus agentes en el Congreso, lo sacaron a Castillo del cargo con un golpe reaccionario.

Castillo, fue elegido contra pronóstico como expresión de postergación del Perú profundo, de las capas más oprimidas de la sociedad, que aspiraban a un cambio fundamental de las relaciones de poder. Los que se creen dueños del país no podían aceptarlo.

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Castillo y Perú Libre en general, se enfrentaban a dos limitantes:

Una, su programa político, reformas sociales pero sin romper con el marco del capitalismo, era utópico y solo podía tener dos desenlaces posibles: o se aplican las reformas y se rompe con el capitalismo, o se mantiene el capitalismo y no se aplican las reformas.

Dos, la aritmética parlamentaria era desfavorable, y por lo tanto solo se podía aplicar la voluntad democráticas de las masas con la presión de la calle, pero nunca hubo un llamado serio a ejercerla ni a organizarla.

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Una vez que Castillo aceptó su acorralamiento dentro de los marcos estrechos de la institucionalidad burguesa, fue haciendo concesiones cada vez mayores, eliminando ministros que no eran del agrado de las mineras, al canciller contra el que protestaban los milicos, los que no quería la CONFIEP.

Error fatal, porque la oligarquía no se daba por satisfecha y exigía más concesiones, mientras que cada concesión minaba el apoyo de la propia base social de Castillo, su única esperanza de salvación.

¿Había una alternativa? Sí. Llamar a las masas a la protesta social, disolver el Congreso y convocar a una Asamblea Nacional Revolucionaria, y combinar esa acción decidida con golpes decididos al poder político y económico de la oligarquía capitalista (nacionalización del gas, reversión de los contratos mineros, etc).

¿Una estrategia arriesgada que podría haber fracasado? Por supuesto, en la lucha de clases no hay garantías de victoria. Pero por la vía de la conciliación sí hay garantías: se va al desastre.

También hubo errores por parte de Cerrón y Perú Libre que en ocasiones coquetearon con el fujimorismo en el Congreso por puro despecho contra Castillo y por presión de fujimoristas infiltrados en sus filas.

PL no fue capaz tampoco de construir una base sólida ni de organizar a las masas para presionar a Castillo y en caso de que no cediera, prepararse para rebasarlo.

Cuando ya Castillo había perdido prácticamente todo su capital político, con simpatía entre los sectores más oprimidos pero sin organización ni movilización, habiendo roto su bancada parlamentaria, entonces … ¡apela a la OEA!.

El mismo error exactamente de Evo y con el mismo resultado. No se ha aprendido nada.
Finalmente, en un último acto desesperado, para evitar la votación de la vacancia, disuelve el congreso, pero en lugar de apoyarse en la movilización de las masas para imponer el decreto, parecía estar esperando el apoyo del Ejército.

La clase dirigente se mueve como una maquinaria bien engrasada, con un plan preparado de antemano. Arrestan a Castillo. Hay acuerdo entre el fujimorismo, la derecha clásica y la izquierda caviar. Se vota la vacancia (con el apoyo mayoritario de las bancadas de PL y la bancada magisterial).

La propia vicepresidenta de Castillo es nombrada presidenta con amplio apoyo del congreso y llama a un gobierno de “unidad nacional” (es decir, unidad de todos los partidos contra las aspiraciones del pueblo). La OEA y los EE.UU. reconocen al nuevo gobierno que no ha salido de las urnas. Se consuma el golpe.

Queda solo por saber la reacción de las masas en las próximas horas. Es de esperar que salgan, particularmente fuera de Lima, en el sur rebelde y en las provincias. Queda por ver en qué número y con qué grado de decisión. Castillo ha minado su propia base social, pero el odio a la oligarquía es profundo.

Desde fuera nos queda organizar la denuncia del golpe y ayudar al proceso de sacar las conclusiones necesarias, para el Perú y para América Latina. El nuevo régimen no representa al pueblo, más es adicto a la oligarquía.

La lucha del pueblo continúa, no debemos obediencia a un gobierno de facto y parlamento ilegal.

FUENTE. CIRCULA EN REDES SOCIALES

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