Hace 31 años, el 5 de abril de 1992, Alberto Fujimori con el apoyo de las FFAA dio un golpe de estado e instauró una dictadura. Pero no fue una dictadura cívico-militar más dentro de nuestra antigua tradición autoritaria. No fue así.
Lo que Fujimori instauró es un nuevo régimen político y económico, expresado en la Constitución de 1993, de signo opuesto al que habia instaurado el reformismo militar de Velasco (1968-1975): un neo mercantilismo con rótulo de neoliberalismo sustituyó al modelo de sustitución de exportaciones y el Estado empresario.
Eso no fue todo. Antes y desde la asunción de Alberto Fujimori y Vladimiro Montesinos, por primera vez el Perú se convirtió en un tipo de Narcoestado, en un contexto del boom de la coca y la pasta básica de cocaína (1980-1995). En 1992, el Perú tuvo 129 mil hectáreas de coca.
Ese tipo de Narcoestado, a diferencia del nuevo régimen político y económico que parió el fujimorismo, fue producto de procesos subyacentes de la década del 60 y del boom de la coca y PBC de los 80. A esos se sumó un hecho nuevo: el presumible ascenso de un defensor y nexo de esa industria criminal de la droga al vértice del poder.
¿Qué hecho es el permite aplicar el concepto clásico de narcoestado al régimen fujimorista? Nos referimos al testimonio del hermano de Pablo Escobar, Roberto Escobar Gaviria, dado en noviembre de 2000: «Mi hermano dio un millón de dólares para la campaña de Fujimori», dado a revista colombiana Cambio.
Obviamente, «Osito» se refiere a la primera campaña electoral: de 1990. ¿A través de quién le habría hecho entrega de esa onerosa cantidad de dinero? «La verdad es que Montesinos trabajo con mi hermano Pablo y en una ocasión estuvo visitándolo en la Hacienda Napoles…y colaboró bastante con los negocios de narcotráfico que manejaba Pablo en Perú «.
De acuerdo a ese testimonio, Montesinos habría sido el encargado de traer el millón de dólares que dio Pablo Escobar, el patrón del cartel de Medellín, para la campaña de Fujimori. «Cuando Fujimori estaba en la primera campaña presidencial, a fines de 1989, mi hermano Pablo dio dinero para esa campaña. Fue un millón de dólares que se envió en efectivo».

¿Cuándo habria empezado las relaciones entre Pablo Escobar y Montesinos? La primera visita se produjo en 1987. «Él llegó en un avión que mi hermano le envió a Perú y lo trajo a la propia pista de aterrizaje de la hacienda Napoles». Los vínculos comerciales criminales habrían empezado a finales de la década de los ochenta.
Con ese millón de dólares se habría pagado para continuar con los envíos de pasta en narcoavionetas colombianas que arrancó en 1981, en el gobierno de Belaunde y continuó en el de Alan García. Habría sido un pago o adelanto por el uso del espacio aéreo por las narcoavionetas que salían por el puente aéreo Perú-Colombia. Solo eso.
En efecto, otra fuente formidable de ingresos era el cobro de cupos a los patrones de firmas que utilizaban pistas de aterrizaje clandestinas en las zonas de producción y tránsito. El caso emblemático de «Vaticano» es ilustrativo: él pagaba a un emisario del SIN, a un tal «Capulina» 50 mil dolares mensuales. Al igual que Vaticano, todos los «patrones» que enviaban sus cargamentos a Colombia pagaban mensualmente a los «capulinas» del SIN.
¿Cuántas pistas de aterrizaje existió en el primer lustro de los 90? Más o menos, unos 120 distribuidas en las cuencas del Huallaga (Alto, Central y Bajo), que abarca Huánuco y San Martín, el Vrae (Ayacucho, Cusco y Junín), Ucayali, Pichis Palcazu (Pasco), Loreto, Madre de Dios, La Libertad, etc. Un escenario muy vasto del país.
En las zonas en emergencia por la lucha antiterrorista, militares, policías, jueces y fiscales cobraban cupos por la protección de las pistas. Los helicópteros fueron utilizados para trasladar los cargamentos de droga a las pistas de aterrizaje. Generales y altos oficiales salían (y caían) con sus maletas de narcodólares.
Pero no solo salía por el puente aéreo. También salía por las fronteras y los puertos marítimos, está última adquirirá mayor prevalencia tras el retiro de los carteles colombianos (Medellín y Cali) el año 1993 y 1995 respectivamente.
Es así cómo, el año 1996, se descubre el narcoavión presidencial y dos narcobuques de la Marina con cocaína. Esos son, en realidad, la punta del iceberg del uso de los aviones de la FAP y los buques de la Marina para la exportación de cocaína, ya no pasta, a EEUU y Rusia.
Ese fue la Narcodictadura y Narcoestado fujimorista que tuvimos en la década de julio de 1990 hasta la caída del fujimorato. Ese es a la Narcodictadura que no debemos regresar nunca más.
Jaime Anteza Rivera




