Miles de amantes de la tauromaquia, apiñados en los cerros que rodean la plaza de Ichu, vitoreaban al toro que giraba en el ruedo. La música de las bandas, el olor a cerveza refrescante y el polvo levantado por las pezuñas del animal pintaban la escena típica de una fiesta brava. Pero en un segundo, la alegría se convirtió en horror.
Un toro, embravecido por el tumulto y los gritos de la multitud, arremetió contra una mujer en un instante de caos. Testigos relatan que todo ocurrió en un abrir y cerrar de ojos.
SERENAZGO AL RESCATE: HEROÍSMO ENTRE EL BARRO Y LA DESESPERACIÓN
Ante la ausencia de una ambulancia en las inmediaciones, los efectivos de Serenazgo se convirtieron en los ángeles guardianes de la jornada. Sin pensarlo dos veces, cargaron a la mujer en una camilla rígida y emprendieron una carrera contra el tiempo. Bajo un sol inclemente y por un camino pedregoso, avanzaron más de un kilómetro con el peso de una vida entre sus brazos.

LA URGENCIA MÉDICA Y LA SOMBRA DE LA TRADICIÓN
La mujer, cuyo nombre se mantiene en reserva, fue trasladada de emergencia a un centro de salud. Según primeros reportes, presenta heridas profundas en las extremidades, pero su estado sería estable. Mientras tanto, la fiesta continuó, como suele ocurrir en estas tierras donde la tradición y el riesgo bailan en un abrazo mortal.
El heroísmo del Serenazgo de la Municipalidad Provincial de Puno queda como un rayo de luz en medio de la sombra. Pero la cornada, esta vez, no solo hirió a una mujer… también dejó al descubierto la delgada línea entre la tradición y el peligro en corridas de toros.




