Cuando el voto nulo realmente sirva para transformar algo de la realidad boliviana, quizá podría considerarlo. Por ahora es simplemente un berrinche de Evo Morales y una ilusión más de un sector de la izquierda en Bolivia.
Por eso no soy de izquierda: algunos trotskistas, progresistas, feministas, indigenistas, anarquistas, etc. promueven el voto nulo creyendo que así hacen su famosa «resistencia» contra las elecciones. Esa izquierda en Bolivia está acostumbrada al eslogan en lugar de la estrategia real.
Para mí la democracia es un sistema político deficiente, pero ese es otro tema. En un sistema así no se vota por el «mejor», si fuese así, nadie votaría por los imbéciles que tenemos como candidatos. Se vota a partir de la distribución de fuerzas. El voto es distribución de fuerzas, no militancia. Votar por alguien no te convierte automáticamente en su militante, esto la gente lo comprende perfectamente. Por eso prefieren votar por el Capitán Lara o por cualquier «X» antes que por los mismos señores que están en la política desde hace 20 años.
Ni en el mejor escenario, el voto nulo servirá para algo. Mi distancia con la izquierda viene precisamente de ahí: el idealismo y la prescripción no funcionan en la política. Siempre dicen «hay que construir algo alternativo», pero ¿cuándo han construido ellos realmente algo? La gente no va a quedarse esperando su gran «revolución obrera» que nunca llega y nunca va a llegar. «Hay que quemar todo», dicen. Es fácil hablar desde la disidencia y cuando no eres tú el que va a ser reprimido.
La izquierda boliviana (evista y las demás ramas) se quedó en el panfleto, incapaz de guiar incluso en una situación crítica como la actual. Considero que más que nunca, no se debe desperdiciar el voto. Se lo debe usar como lo que es: un medio para restar y sumar fuerzas. No es un sistema perfecto, pero bueno, vivimos en un país imperfecto.




