«Si…la señora Keiko Fujimori disuelve el Congreso va a subir…20 a 30 puntos de su popularidad», fue lo que dijo Josué Gutiérrez alias el «Defensor del Pueblo» en una entrevista en dos medios de radio y televisión muy sintonizados (RPP y Exitosa). Esa afirmación -aunque antes negó que esté alentando esa medida- es absolutamente golpista.
Más aún, por tratarse de una autoridad cuya función es la defensa de los derechos fundamentales de los ciudadanos y del Estado de Derecho, es más que una insinuación de alias Defensor del Pueblo haya aludido a que una hipotética disolución del Congreso elevaría la popularidad de la «señora» (Gutiérrez Dixit) Keiko. Suena a un pedido. Nada lo justifica.
¿Qué podría impulsar al (in)defensor de los derechos fundamentales y supervisor que el Estado cumpla sus deberes y servicios públicos a realizar está clara incitación a un golpe de Estado? Ello podría revelar la existencia de sectores en el centro del poder del Ejecutivo que estarían alentando una salida golpista. O, siguiendo el ofrecimiento electoral de la señora K, a gobernar como su padre.
¿Y cómo gobernó su padre, Alberto Fujimori? Dando un autogolpe. ¿Cuál sería el pretexto para justificar un golpe de Estado alberista? Las mociones de interpelación a algunos ministros (verbigracia, Rafael Belaúnde, famoso por su autoatentado en el sur de Lima) por la mayoría opositora de la cámara de diputados. A esas mociones de interpelación, inherentes al papel fiscalizador, lo consideran obstruccionista.
Hace algo más de 34 años, el fujimorismo albertista esgrimió el mismo pretexto respecto al Congreso bicameral: la oposición es obstruccionista, no nos deja gobernar. Y, aprovechando el desprestigio de la clase política tradicional (AP, PPC y el APRA), la hiperinflación y el terrorismo galopante, el 5 de abril de 1992 Alberto Fujimori dió el autogolpe de Estado con el apoyo de las FFAA.
Así, disolvió el Congreso y reestructuró el Poder Judicial y todas las instituciones de la arquitectura institucional. En suma, acabó con la democracia y gobernó por Decreto. Y Alberto Fujimori se convirtió en un dictador civil en alianza con las FFAA, los grupos económicos y el narcotrafico, los principales poderes fácticos del país.
¿Hay detrás de la clara insinuación golpista de la disolución del Congreso un proyecto idéntico al golpe de Alberto Fujimori? No sería idéntico. Actualmente el fujimorismo keikista tiene el control del Senado, cámara que no es posible disolver, y de casi (el Poder Judicial, en gran medida, no lo tienen controlado plenamente) todas las instituciones (Tribunal Constitucional, Junta Nacional de Justicia, Ministerio Público, Procuraduría General y la Defensoría del Pueblo)
Entonces, ¿qué disolución del Congreso insinúa alias «Defensor del Pueblo»? El objetivo es más preciso: se estaría refiriendo a la cámara de diputados, en la que una precaria mayoría opositora pegada con baba tiene el control de la Mesa Directiva: Juntos por el Perú, Ahora Nación, Obras y el Buen Gobierno. No hay nada más que disolver. Eso sí, lo harían con las FFAA para proyectar la «mano dura» en pos del «orden» ofrecido por Keiko Fujimori.
Jaime Antezana Rivera




