Un brutal exceso del uso de la fuerza represiva contra civiles del Ejército en el distrito de Colcabamba, ubicado en la provincia de Tayacaja, Huancavelica, dejó cinco muertos y dos heridos, el sábado 25 de abril, intentó ser presentado como un enfrentamiento -inicialmente- con narcoterroristas y, después, con presuntos narcotraficantes. Esta segunda versión es la que prevaleció en el comunicado oficial del Ejército.
¿Qué señala el comunicado? Que cuando una patrulla militar realizaba una acción de «control territorial» y «lucha contra el tráfico ilícito de drogas (TID)», en una zona llamada Pongo ésta fue atacada con «armamento por presuntos delincuentes vinculados a actividades ilícitas» en un paraje llamado Pongo. Esa versión, a la luz de los hechos, se vino abajo rápidamente: no encontraron droga ni armas en la camioneta en la que se trasladaban las víctimas mortales y los heridos.
No hubo, pues, ningún ataque con armamento del lado de los civiles ni, por ende, el enfrentamiento armado con presuntos delincuentes vinculados a actividades ilícitas de tráfico de drogas o narcotraficantes en la jurisdicción de Colcabamba. En consecuencia, el enfrentamiento entre militares y presuntos narcotraficantes fue un invento para justificar el brutal asesinato de cinco personas y los dos heridos.
Por esa razón, los ocho soldados que participaron de esa acción de control territorial y antidrogas se encuentran detenidos y el Ministerio Público está investigando los hechos que llevaron al excesivo uso de la fuerza represiva de la patrulla militar. El alto costo social de vidas que ha enlutado a varias familias de Colcabamba no debe quedar impune. Asimismo, debe investigarse por qué el Ejército, que está facultado en colaborar con la PNP en el combate antidrogas, realizaba una acción con el tráfico ilícito de drogas sin la policía antinarcóticos.
Finalmente, cabe destacar lo siguiente: el distrito de Colcabamba no es, hace más de una década, una zona de accionar de las columnas armadas del narco-grupo del clan Quispe Palomino, liderado por Víctor Quispe Palomino, alías «José». Seguramente, por esa razón la inicial versión de un enfrentamiento con elementos narcoterroristas fue abandonada en el comunicado oficial del Ejército. Ergo: si quisieron inventar un enfrentamiento armado con elementos «terroristas» para utilizarlos políticamente a favor del fujimorismo en la segunda vuelta electoral carecía de asidero.
Jaime Antezana Rivera
