Cuando las hermosas caporalitas mueven la cadera, el piso tiembla. Cuando los rudos varones zapatean, el estadio de la Universidad Nacional del Altiplano retumba. Cuando todos cantan «Volveré» mirando al cielo, la Mamita Candelaria sonríe desde arriba.
Así fue la tarde del domingo. Así la Asociación Folklórica Caporales – AFOVIC -se consagró campeón.
Ochenta y ocho punto seis. Ese fue el puntaje que dejó callados a los que dudaban. Pero antes de los números, estuvo el baile.
Ahí nomás, en plena coreografía, las damas se treparon sobre los hombros de los varones. Pero no se quedaron quietas. Desde arriba marcaron pasos de ballet, como palomas en vuelo, mientras sus polleritas bordadas brillaban con las ultimas luces del sol. Los hombres, firmes como piedras, sostenían el peso con la fuerza de sus piernas, mirando al frente, serios, orgullosos.
Abajo, en la pista, las caporalitas movían sus cuerpos al compás del bombo. Cadera que va, cadera que viene, trenzas que vuelan al viento. Los varones, botas lustradas y sombrero en mano, saltaban con el pecho inflado. ¡Volveré!
La banda de músicos no se quedó atrás. Bronces y bombos sonaron parejito, ni muy rápido ni muy lento, acompañando cada paso, cada salto, cada «¡Viva la Mamita!».
Del otro lado estaba Centralistas, como buen contrincante. Bailaron con raza, con sentimiento. Pero esa tarde, la virgencita Candelaria miró más cerquita a los de AFOVIC.
Porque los de AFOVIC no solo bailaron. Ellos cantaron. Todo el tiempo cantaron. Ese «Volveré» se metió en el alma de la gente. Cuando terminó la presentación, el estadio entero aplaudía de pie.
Este año Juliaca cumple 100 años como ciudad. Y por primera vez en la historia, el trofeo de campeones de campeones de la Candelaria se va a esa tierra de Machu aychas y ch’iñi pilcus”.
Los caporales de AFOVIC lo llevaron. Bailando, sudando, dejando el alma en cada paso.
En los carnavales más largos del mundo, estos caporales demostraran que el mejor caporal también se baila en Juliaca. Y con qué ganas.
Aunque la lluvia inunde las calles y el Drenaje Pluvial siga siendo una promesa, AFOVIC le regaló a Juliaca un respiro. Por unas horas, no hubo agua estancada ni barro. Solo hubo baile. Solo hubo orgullo.
Los hijos de esta tierra, los de AFOVIC, le llevaron un poco de alegría a su pueblo. Con la bendición de la Mamita Candelaria, todo llega. El trofeo ya llegó. La obra del Drenaje también ha de llegar.
Mientras tanto, el zapateo sigue sonando. Porque en Juliaca, cuando el corazón se llena de fiesta, ni la lluvia puede callarlo.




