Cuento: El zorro que cayó del cielo y sembró la tierra

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Recuerdo con una claridad que me estremece aquellas noches en las que mi abuela Valeriana, envuelta en su manta color negro, se sentaba en el suelo de tierra apisonada de nuestra casa en la comunidad de Caritamaya, junto al fogón que expelía sombras danzantes. El kerosene del mechero olía a tiempo detenido, y el viento, ese viejo cómplice de los narradores, golpeaba la puerta de madera como pidiendo permiso para escuchar.

A ver, allcchiqallu (mi nietecito)— me decía, mientras sus dedos, nudosos como raíces de quinua, se cerraban alrededor de mi hombro—. Esta noche te voy a contar cómo el zorro se creyó dueño del cielo y terminó regando semillas con sus propias entrañas.

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Yo, niño de siete años, ya sabía que los cuentos de mi abuela no eran simples fábulas. Eran advertencias. Eran conjuros. Eran pedazos de un mundo en el que los animales hablaban, los muertos regresaban y los dioses castigaban la soberbia con lecciones de sangre y barro.

El viaje del zorro: borrachera celestial y una caída eterna

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El relato comenzaba siempre igual:

Había una vez un zorro hambriento y astuto que, cansado de comer sobras en la tierra, convenció a un cóndor para que lo llevara al cielo. Allí, en medio de una fiesta de dioses— (mi abuela decía dioses: a las estrellas, el sol y la luna)— el zorro se atiborró con platillos de quinua, se emborrachó con chicha de cañihua y, ebrio de arrogancia, se negó a regresar cuando el cóndor se lo pidió.

Espérame un poco más —le dijo el zorro, panza arriba, admirando a las hermosas estrellas como si fueran migajas de su banquete.

Pero el cóndor, sabiendo que el cielo no era lugar para glotones, voló lejos. Cuando el zorro despertó, solo y aterrado, no tuvo más remedio que tejer una soga de ichu, la paja brava que crece en las alturas. Empezó a descender, pero en su camino se burló de unos loros:

¡Ustedes que solo saben repetir palabras, aléjense! — les gritó.

Los loros, ofendidos, cortaron la soga con sus picos.

El zorro cayó.

Al estrellarse contra la tierra, sus entrañas reventaron, esparciendo semillas de quinua y cañihua por los campos. Así, de su muerte nacieron los cultivos que hoy alimentan a los quechuas, a los aymaras, y hasta a los astronautas que, como el zorro, se atreven a desafiar el cielo.

De la boca de mi abuela a las ondas de la radio

Años después, cuando ya trabajaba en Radio Onda Azul y luego en Pachamama Radio, ese cuento volvió a mí como un fantasma familiar. Lo adapté a guion y lo grabé en quechua y en aimara con el mejor equipo de actores y narradores, mezclando los ecos de mi abuela con los efectos de sonido que también grabamos en el campo: el aleteo del cóndor, el trago grueso del zorro embriagado, el silbido del viento cuando la soga se rompe.

Foto: Actores que personificaron personajes: Dionisio Muñoz (†), Walter Escobar (ahora lo pueden ver en TV Perú, Marco, joven aymara, Grober Cutipa (de casaca beis), Roger Condori, Mery Choqueño, Celia Quispe y Verónica Hancco.

En el 2009, decidimos liberar los audios. “Que viajen”, pensé. “Que vuelen como el cóndor”. Así fue: el cuento se coló en comunidades campesinas, en escuelas, en casas de migrantes en Lima y hasta en otros países. Pero lo que nunca imaginé fue que, veinte años después, el zorro resucitaría en TikTok, Facebook y YouTube, convertido en animaciones, memes y hasta canciones rap.

  1. El Zorro en la era digital: Memes, podcast, rap y una nueva generación

Hoy, jóvenes que nunca pisaron un chacra repiten la historia con sus propias palabras. «El zorro era un loquillo que se pasó de tragos», dice un chico en un video viral. «Oh, si no fuera por su caída, no tendríamos quinua, causa», comenta otro.

Me escriben desde México, desde Bolivia, desde Estados Unidos: «jilata Grober, su cuento me hizo llorar»«Esta historia es más profunda de lo que parece». Sí, lo es. Porque bajo la fachada de un simple relato animalístico, hay una advertencia ancestral:

No seas arrogante.
No abuses de lo que te dan.
Porque hasta el más astuto puede terminar convertido en abono de nuestra Tierra.

El terror, el amor y los diablos subterráneos

Pero mi camino no se quedó solo en los cuentos orales. En Radio Onda Azul, combinando mi trabajo de comunicador con mi obsesión por la novela, empecé a escribir radionovelas de amor y terror en los límites de lo real y la ficción (Paisano Julico, Pequeña Angélica). En Pachamama Radio escribí cuentos y radionovelas (Isabela, Pedro Vilcapaza, cuentos andinos y Nuestra tierra, con historias de aparecidos que caminan por los campos, de pactos con el diablo en las minas, de amores que sobreviven a la muerte.

Mandato de los diablos subterráneos, mi primera novela, nació de esos miedos y esas pasiones. Pronto vendrán más, porque las historias no se acaban: duermen un tiempo, como el zorro en el cielo, y luego despiertan hambrientas.

Foto:
Grober Cutipa sigue promocionando su novela «Mandato de los diablos subterráneos».

La Caída que Nunca Termina

Ahora, cuando veo a los jóvenes compartiendo el cuento “El zorro que va al cielo” en redes sociales, siento que mi abuela Valeriana sonríe en algún lugar entre las nubes. El zorro sigue cayendo, una y otra vez, en cada nueva versión. Sus entrañas siguen esparciendo semillas.

Yo, como el qamaki, tiwula, atuq (como se dice en aymara y quechua al zorro), sigo tejiendo sogas de palabras, sabiendo que algún día los loros—el olvido, la indiferencia—podrían cortarlas. Pero hasta entonces, seguiré contando.

Porque los cuentos verdaderos nunca mueren.

Solo se transforman.

Grober Cutipa

Espero sus comentarios, y anécdotas para seguir escribiendo juntos mas cuentos, mas novelas desde nuestras comunidades quechuas y aimaras.  

Me escriben a:

grobercutipa@gmail.com

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Grober Cutipa
Escritor y periodista de investigación peruano. Premio Nacional de Periodismo 2018. Autor de la novela “Mandato de los diablos subterráneos”, guionista de radionovelas y cine. Escribe en ElObjetivo.pe, reportajes de salud, artículos de literatura, cultura e historia.  

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