De la masacre militar en Colcabamba a las pintas falsas en Huarmaca, Piura: Inventando terrorismo

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El fujimorismo necesita con urgencia el terrorismo modelo SL. Pero como el PCP-SL no ejecuta acciones terroristas -siendo estrictos post captura de «Feliciano», el 14 julio de 1,999, es decir, hace casi 27 años-, entonces tienen que inventar y/o fabricar acciones similares a las de SL para manipular los traumas y miedos sedimentados en la memoria nacional. Nos estamos refiriendo a los psicosociales que reaparecen, principalmente, antes de la primera y segunda vuelta electoral. También en coyunturas políticas excepcionales (protesta del sur) o cuando se necesita renovar el Estado de emergencia en el Vraem.

A lo largo de los últimos 27 años, caracterizado por la derrota política y militar de SL y los intentos fracasados de sus miembros excarcelados y libres por participar en la vida política legal y los procesos electorales (MOVADEF en 2011 y Fudepp en 2016), la fabricación de las prácticas terroristas de SL de los 80 y 90 han girado en reproducir acciones -la mayor parte- de propaganda (pintas, volantes y trapos rojos con la hoz y el martillo que buscaron hacer creer a la ciudadanía que están volviendo a «resurgir» el terrorismo senderista y -en menor parte y solo en el Vraem- de acciones de terrorismo contra militares y civiles.

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El último psicosocial de agentes del fujimorismo fueron las pintas falsas en dos caseríos del distrito de Huarmaca, en la provincia de Huancabamba, en Piura, en las fachadas de las escuelas públicas de Maza y Casahuay, el domingo 26 de abril. Esas pintas tan falsas como la virgen que llora de los inicios del narcofujimorismo consistieron en las siglas del PCP-SL y la hoz y un mensaje de amenaza: «Mueran los soplones», con pintura roja. El objetivo era el mismo de todos los anteriores: distraer la atención y provocar los viejos traumas y miedos de los mayores de 45 años.

Pero, ¿está vez de qué querían distraer la atención? La respuesta es obvia: de la masacre militar en Colcabamba a los cinco jóvenes acribillados por ocho soldados que estaban seguros que transportaban una carga de droga con destino a Huancayo, en Junín.

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Jaime Antezana Rivera

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