El bloque los ponchitos es una organización universal de todas las sangres

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Inventar rituales en su versión de fiestas, ceremonias o juegos es tan antiguo como la invención misma del lenguaje. Quizás este último haya sido el que produjo todo, cuando los gruñidos, guiños, susurros, gestos y palabras hicieron posible que se plasmaran todos estos rituales en la realidad. Nuestros antepasados lo hicieron así y tal parece que el tiempo no pasó. Porque hoy, en un hecho extraordinario y producto de la emoción, nuestros ciudadanos puneños comenzaron a intercambiar palabras para crear el más reciente, masivo y genuino grupo llamado: “el bloque los ponchitos” Un invento de nuestro tiempo que cada año crece más y más, como un alud cultural que nadie detiene.

Yo lo vi nacer casi sin nombre, cuando a aquellos que bailaban al final de una comparsa todavía se le decía simplemente “los de atrás de la banda”. Era un espacio sin jerarquías, sin coreografía, sin traje oficial, donde cualquiera podía sumarse a la música, teniendo solo el cuerpo como un único pasaporte para ser feliz. Lo que ocurre ahora, es que el Bloque los Ponchitos en Puno pasó de ser una anécdota de festividad, a un fenómeno social en plena gestación. Un hecho tal, que una cultura adopta cuando ya no cabe en los moldes conocidos y decide sin más preámbulos desbordarse, hasta expresarse en un fenómeno que nadie sabe cómo terminará.

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Es así como nacen “Los Ponchitos”, no por orden de una autoridad o una ley, sino por la más pura e incontenible emoción que produce la fiesta más grande del Perú y latino América: la fiesta de la candelaria. Es la grandeza de la festividad la que ha trasformado a los de ese “atrás de la banda” en un bloque altamente alborozado, contagiante y desbordado. Y que hoy, ya cuentan con alferados, banda, banderas, canciones y hasta estandartes.

Pero lo que más resalta de este bloque es que no entiende de fronteras, es como una organización universal de todas las sangres. Porque aquí pueden bailar todos: el puneño, el turista nacional, el extranjero curioso, el vecino cansado, el joven eufórico, el que no sabe bailar y hasta el que no quiere saber nada de nada. El bloque los ponchitos recibe a todos sin diferencias, no representa a nadie, es libre como un ave, espontaneo y feliz.

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Quizá por eso este bloque crece. Quizá por eso ahora tiene la forma de una marea gigantesca. Yo digo, en un mundo cada vez más reglado, más vigilado por todos, el Bloque los Ponchitos es como una válvula de escape mundial. En este bloque es posible todavía apartarse del mundo y perderse, aunque sea un rato, entre la multitud. Es posible olvidarse de todo y volver a encontrarse luego, uno mismo, pero de forma nueva y distinta. Y todo eso, en términos culturales, no es poca cosa.

Aldo Rojas

10.02.2026

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