El escándalo de los celos en Vilquechico: ¡Violencia disfrazada contra la mujer!

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Era el cierre de la fiesta, el trago ardía en las gargantas y la orquesta lanzaba un huayno que movía hasta a los más tímidos. Sobre el escenario, tres mujeres, entre ellas —la esposa—, se dejaban llevar por el ritmo junto al alferado. Todo era alegría, hasta que un hombre—no su «ex», no su «amante», solo un compadre cualquiera—se acercó a susurrarle algo al oído. Ahí se desató el infierno.

El marido, con los ojos inyectados de rabia, subió como un toro herido. No hubo diálogo, no hubo razón, solo un empujón brutal que mandó al compadre volando desde los dos metros del escenario. ¡Pum! al suelo, entre el polvo y el asombro. Pero no bastó. La furia no se sacia con una víctima. Volteó hacia su esposa, la miró como si ella fuera culpable de su propio delirio, la jaló con fuerza y, como un péndulo de vergüenza, ambos cayeron derribados ante cientos de miradas.

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El animador, con voz temblorosa, pidió calma. La música calló un instante, el silencio incómodo de quienes presenciaron la humillación pública de una mujer. Pero esto es Perú, tierra donde lo grave se vuelve anécdota. Minutos después, el huayno volvió a sonar, la gente volvió a bailar, y el violento… siguió ahí, como si nada.

Mientras tanto, en las redes, los mercaderes del morbo ya tenían su versión: «Esposo enfrenta a amante de su mujer en escándalo de celos».

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Foto: Alpaquita Ticona, (al parecer mujer machista) justifica la violencia del marido hacia su mujer por ser infiel con el compadre. Todo esto con el fin de alcanzar más de 400 mil vistas en Facebook. Ella dice que los maridos deben tener cuidado con sus mujeres y aconseja hacerse los borrachos para luego descubrir la infidelidad de sus parejas con los compadres. Su publicación alcanzó principalmente vistas de varones.

¡Qué manera de mentir! ¡Qué facilidad para inventar historias y vender lágrimas falsas! Mientras en Vilquechico, Puno, una mujer caía al suelo arrastrada por la furia de un hombre que decía «amarla», los celulares grababan, los curiosos murmuraban, y los de siempre—los cazadores de likes—ya tenían el título listo: «El drama del triángulo amoroso: el esposo, la esposa y el amante en plena fiesta patronal»¡MENTIRA! No hubo amante, no hubo romance prohibido, solo hubo violencia disfrazada de pasión.

¿Acaso un susurro justifica la violencia? ¿O es que ahora cualquier hombre puede golpear, humillar, arrastrar a una mujer y llamarlo «amor»? ¡BASTA! Basta de romantizar los celos, basta de convertir la agresión en espectáculo, basta de inventar amantes donde solo hay control y machismo disfrazado de «defensa del honor».

La verdad duele, pero es clara: Aquel día, en Vilquechico, no hubo un triángulo amoroso. Hubo un hombre que creyó que su esposa era de su propiedad y un pueblo que, por unos segundos, contuvo la respiración… y luego miró hacia otro lado.

¿Hasta cuándo?

En Puno, las fiestas patronales no solo huelen a cerveza y a humo de asado de lechón… huelen a miedo

Mientras los tambores retumban y las bandas tocan huaynos que hacen vibrar el alma, hay mujeres que no celebran. Respiran hondo, calculan cada paso, cada mirada, cada baile. Porque saben que, en cualquier momento, un hombre—su hombre—puede convertir la fiesta en pesadilla. Como aquel día en Vilquechico, cuando un marido arrastró a su esposa por el escenario como si fuera un trapo sucio, delante de todo el pueblo. Nadie hizo nada.

Pero esto no es un caso aislado. Es la punta del iceberg de una violencia sistemática, alimentada por el licor, el machismo y la indiferencia.

«59.9%: El número que grita lo que el silencio esconde»

Según el Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables, en Puno, casi seis de cada diez mujeres han sufrido violencia por parte de su pareja. A nivel nacional, la cifra es del 52%. ¿Dónde están los titulares? ¿Dónde están los creadores de contenido que, en vez de inventar amantes falsos, denuncian esta epidemia?

No lo hacen. Porque vender morbo es más rentable que enfrentar la verdad. Mientras tanto, las estadísticas siguen acumulándose como heridas abiertas:

  • Enero, febrero y agosto son los meses más peligrosos para las mujeres en Puno.Carnavales, fiestas patronales, matrimonios… fechas donde la cerveza fluye como río y los celos se disfrazan de «amor».
  • Un estudio del Programa Nacional Contra la Violencia Familiar y Sexual confirma lo que todas saben: la cerveza es solo el detonante. El verdadero problema es el machismo arraigado, esa idea de que la mujer es propiedad del hombre, que debe obedecer, callar, someterse.
  • El 80% de los agresores no necesita estar borracho para golpear.Lo hacen sobrios, conscientes, porque creen que es su derecho.

El mito del ‘amante’ y la irresponsabilidad de los que filman

En redes sociales, el video del escándalo en Vilquechico se viralizó con títulos como: «Esposo enfrenta a amante de su mujer en plena fiesta»Mentira. No hubo amante. Hubo un hombre que susurró algo, un marido que decidió castigar públicamente a su esposa, y una sociedad que siguió bailando.

¿Dónde estaba la empresa de filmaciones? Grabó todo, pero no intervino. ¿Después? Seguirá siendo contratada por otros alferados, porque en este país la complicidad con la violencia no tiene consecuencias.

¿Dónde están los medios serios? Los que deberían investigar, en vez de repetir rumores. El Dr. Freddy Vásquez Gómez, del Instituto Nacional de Salud Mental, lo explica claro:

  • «Los celos enfermizos son un problema de salud pública. «Afectan al 40-50% de parejas en el Perú.
  • «La celotipia (celos) es hija del machismo. «Un hombre inseguro no necesita razón para controlar, humillar, golpear.
  • «Estos casos terminan en suicidios, homicidios, familias destruidas. «Cada año, el INSM atiende a cientos de víctimas.

«Las mujeres de Puno merecen más que silencio»

En Vilquechico, la agredida podría acudir al Centro de Emergencia Mujer de Huancané, pero ¿cuántas lo harán? ¿Cuántas prefieren aguantar antes que enfrentar el qué dirán? ¿Cuántas han normalizado el dolor?

Mientras tanto, los creadores de contenido siguen mintiendo. Los filmadores siguen grabando y callando. Los violentos siguen siendo aplaudidos como «hombres de honor».

«La cruda realidad: Las fiestas patronales también son trampas para las mujeres»

Esto no es folklore. Esto no es «tradición». Es violencia disfrazada de costumbre.

  • El alcohol no es excusa. El machismo sí es culpable.
  • Los celos no son amor. Son control disfrazado de pasión.
  • El silencio no es neutralidad. Es complicidad.

Las mujeres de Puno merecen fiestas sin miedo. Merecen bailar sin que un hombre las jale del brazo como si fueran suyas. Merecen que, la próxima vez que un violento suba al escenario, alguien le pare los pies.

¿O seguiremos aplaudiendo mientras caen al suelo?

Para que la próxima fiesta patronal no se tiña de rojo.

(Discúlpame papá, discúlpenme compañeros si leen esta página).

La Editora.

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