El liderazgo no se hereda

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Keiko debe ser el último eslabón del clan Fujimori que se atreve a postular a la presidencia. Porque, así como le va, mal y con escaso público, como en su reciente visita a Puno, realizada de manera discreta, y en completo silencio, lo más probable es que ningún Fujimori más lo intente. Desde siempre en el Perú, sobre todo en Lima, se creyó que Keiko, por ser hija de Alberto Fujimori y estar siempre a lado de éste durante su mandato, seria de manera automática la heredera política de su padre y, en esa línea, la futura presidenta del país.

Se pensaba que a pesar de las controversias que siempre rodean a cualquier político, Keiko lograría, como su padre, hacer alianzas con los sectores más populares, construir presencia política clara y generar adhesión, incluso admiración, en varias zonas del país. Sin embargo, no ha logrado reproducir ese fenómeno. En Puno como en muchas zonas del país a Keiko le va mal, la rechazan, la ofenden, o simplemente la ignoran. Y eso en palabras simple dice algo que la política peruana no quiere entender que es que: el liderazgo no se hereda.

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El liderazgo político nada tiene que ver con la herencia biológica, por muy famoso que sea el apellido. Keiko y los que lo rodean, siempre asumieron que, por ser hija de Alberto Fujimori, heredaría automáticamente el perfil político, simbólico, y de representación de su padre. En esa idea, durante años, Keiko siempre se presentó como la continuidad de un proyecto nacional, como la depositaria del legado del chino. Pero, la realidad, la verdadera realidad era otra, Keiko no logró legitimidad social, su presencia genera rechazo, no moviliza multitudes, y no genera confianza ni identificación. Y esto que digo, ayer ha sido palpable en Puno, donde se vio distancia, escaza participación, cautela y, también rechazo.

Lo que demuestro entonces, es que el liderazgo no se transfiere como si fuera un cargo. De modo que no basta con decir “mi padre fue”. Por el contrario, el liderazgo lo construye cada persona, es unipersonal. Un trabajo propio que una persona realiza, en las buenas y en las malas dentro del territorio nacional, hasta lograr presencia política, y sobre todo reconocimiento social. Y esa tarea Keiko no la ha hecho. Y por eso estoy seguro que no va a ser presidente. Porque carece de liderazgo propio. Porque su principal sustento político sigue siendo únicamente la historia de su padre.

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Algo similar ocurre con Roberto Sánchez, quien, porque le delegó Castillo la titularidad del partido, intenta posicionarse como una suerte de continuador o heredero político del liderazgo de Pedro Castillo. En este caso, incluso, la situación es más clara. Roberto intenta montarse sobre la historia de Castillo sin reunir sus cualidades. Castillo no solo representó una opción política para mucha gente, también generó identidad en torno al maestro rural y el Perú profundo. Y precisamente todo esto Roberto Sánchez carece. Sea esta la razón por la que Roberto Sánchez no sobresale, y por lo tanto tampoco será presidente. Esta misma suerte la correrá el hermano de Vizcarra. Porque ambos buscan ser algo o fungen de lideres, con historias ajenas

Está claro entonces que el liderazgo no se hereda, se construye. Si esto es así, también debe estar claro que ponerse sombreros, símbolos, ordeñar vacas o manejar tractores no sirve de nada.

Aldo Rojas
19.03.2026

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